Mónica Coteriano

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Window (2008) de Mónica Coteriano con música de Pedro Gonçalves, Tó Trips, Zé Vilão y Mónica Coteriano y vídeos de André Gonçalves

Window tiene la forma de un concierto. En el fondo del escenario hay dos pantallas apoyadas en el suelo, frente al público y separadas entre sí por la distancia justa para que la chica vestida de rosa entre en escena. Vestido rosa, falda abultada por un cancán, zapatos rosa de tacón y pestañas larguísimas. La chica ha traído a su banda que está discretamente colocada en el lado izquierdo del escenario. Han venido a tocar y canción tras canción, desgranan el repertorio. La chica es la reina del escenario. Ella es el personaje y su voz, siempre amplificada: prótesis en forma de micrófonos y megáfonos que se adhieren a su boca. Ellos tocan, ella canta. Las pantallas del fondo muestran el lugar del suceso: animaciones que transforman continuamente el espacio. Llega la última canción y el concierto y la obra se acaban.
La chica no baila. O al menos no lo hace como se hace en la danza teatral al uso: no hay pasos fijados, no hay cuerpos ejecutando movimientos esforzados, no hay composiciones, no hay líneas y simetrías… Ella se mueve acompañando la música pero no parece que eso sea lo que más le ocupa en escena. Se muestra ante nosotros como una cantante. Ella hace su trabajo con la voz. Frente al silencio propio de la danza teatral tradicional, la chica canta. La voz transforma de manera radical su presencia en escena: el cuerpo ya no es un artefacto que ejecuta movimientos ordenados y virtuosos. Es otra cosa. La voz se encarna en la chica de rosa, su cuerpo es el lugar al que se refiere lo que se dice. La voz y la carne forman una especie de punto de fuga hacia el que todo se dirige. Lo que vemos es un cuerpo atravesado por su propia voz. La banda marca una distancia implacable con la chica: ellos acompañan, ellos hacen que su voz resuene en la sala pero ellos no se meten en asuntos ajenos. La chica está sola y valiéndose de distintos artefactos, va cantando un extraño relato que se compone en el aire según la voz va soltando palabras. No es un relato sólido que podemos atrapar en el lenguaje de principio a fin. Aquí, las palabras sólo dejan en el aire narraciones deshilachadas y suspendidas. Cada canción habla de amor, nostalgia, pérdida, más amor…. Pero no se trata de saber qué le ha pasado a la chica de rosa sino de presenciar cómo su relato fragmentado se hace carne frente a nosotros. Con la voz, ella recupera un cuerpo marcado por el relato de su propia biografía nunca pronunciada en público.

Jaime Conde-Salazar

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