Psycho

Print Friendly

Psyco, Tres tipos Gráficos

El cine es un medio impositivo, tremendamente preciso. Un matrimonio perfecto entre teatro y fotografía, nos muestra el movimiento de los personajes, su voz y sus pensamientos a la vez que coloca nuestros ojos en una única posición, no permite vagar. Cada plano nos dice cómo mirar lo que sucede en escena. El cine es un arte incisivo y no es posible escapar a esta imposición.

Cuanto más complejo se vuelve un medio, mayor es el número de decisiones que deben tomarse para llegar a una formalización concreta, y es precisamente esta complejidad uno de los factores que hacen que cada película se contemple como una obra final cerrada. Una ópera, una pieza musical, una obra de teatro se contemplan como productos intermedios que no están cerrados hasta el momento de su interpretación. En principio esto debería haber terminado con la aparición de los medios de reproducción y grabación, discos o cintas magnetofónicas en el caso de la música y el vídeo en el caso de las artes escénicas. No ha ocurrido así, y no solo la gente continúa acudiendo a dichos espectáculos en sus estrenos sino que llenan teatros y auditorios para escuchar una sinfonía de Beethoven o una representación de Hamlet.

La magia del directo, podemos pensar, es la gran diferencia, pero no es todo. No debemos olvidar que hay piezas que son estrenadas por sus creadores, es decir, es el propio compositor el que dirige la orquesta o el autor el que dirige a los actores. Un tiempo después -o simplemente en otro lugar del globo- se representa esta obra con actores diferentes, otro director, otra escenografía y no suele haber referencias al montaje original, ni se habla de los nuevos montajes como de un ultraje, no se argumenta que no aportan nada.

Cuando se realiza una nueva versión de una película hay quien dice que no tiene sentido, que siempre se puede ver la original; esa palabra: original. Pero, ¿no sería fantástico poder ver una representación de Hamlet y una vez terminada correr al teatro al otro lado de la calle para ver otro montaje que empiece a continuación? Creo que sí.

Una película es una obra tan cerrada como queramos que lo sea ¿Podríamos contemplarla como la partitura más sofisticada jamás escrita? Creo que esto es lo que hace Gus Van Sant al rodar casi plano por plano Psycho (Hitchcock, 1960). Un nuevo montaje, una nueva escenificación, pero nunca un remake: es el tratamiento teatral de una película. Van Sant nos devuelve la grandeza de Psycho, nos hace volver a verla, pero con un sentimiento de extrañeza, a través de una transparencia que superpone la versión de 1960. Es precisamente Psycho la obra sobre la que se realiza este ejercicio, una película que basa su guión en la sorpresa, en un alucinante giro en la trama, casi en el salto de un género a otro, de la persecución policíaca al terror. Dice Hitchcock que es la película en la que más juega con el espectador, en la que más le dirige, llevando su atención de un lado a otro, del policía al dinero sobre la cama, llevando el suspense por caminos sin salida. ¿No hace esto qué sea más completa como partitura?

Está claro que Van Sant no trata de imitar la película de Hitchcock, ya que podría haberla ajustado mucho más y que tampoco es la libre adaptación de un guión. El concepto que mejor lo describe es interpretación, en el sentido que tiene cuando hablamos de una pieza musical. Las decisiones que toma Van Sant parecen estar dirigidas a fomentar esta confusión. La película de Hitchcock está ambientada en la época que está rodada -1960- mientras que la versión de Van Sant no lo está en ninguna época concreta, mostrándonos mobiliario de los 70 y tecnología de los 80. Para añadir más confusión rueda en color, pero no en el color que esperamos de una película comercial de los 90 sino en un color más parecido al que hubiera tenido la película si hubiera sido rodada en 1960. Un color muy expresivo, que se hace protagonista en numerosas escenas, una sombrilla muy roja, un vestido muy naranja, un sobre muy amarillo, un cielo de tormenta muy azul.

La inversión de dinero necesaria para este experimento hace muy difícil que vuelva a repetirse, por lo que ver ambas versiones, ya sea superpuestas o de manera consecutiva es una experiencia única que saca del lado oculto de la cámara muchas de las decisiones que se toman para conseguir determinados efectos, para llegar a provocar una reacción.

Estamos confundidos, no podemos ponernos cómodos, no estamos viendo una vez más nuestra película favorita, alguien ha movido las cosas, ha tocado lo que parecía imposible tocar, alguien se ha colado dentro de uno de nuestros sueños y lo está tocando todo un poco, y esa es la clave, “todo, un poco”. Nos reconocemos en cada plano, pero no sabemos si debemos dejar a los personajes libres u obligarles a hacer lo que conocemos tan bien, a ceñirse a los movimientos preparados para ellos. Por momentos parece que esta decisión nos pertenece.

El personaje por excelencia en las películas de Hitchcock es el inocente acusado injustamente o el que es confundido con otro y perseguido. En algún momento James Steward se mirará al espejo y se reconocerá sólo a medias: “soy yo”, podría decir, pero si todos los demás dicen que soy otra persona, “¿podría serlo?” Esta es la crisis que provoca ver las dos películas, ¿están los actores de la versión de Van Sant metidos en la piel de sus personajes o se han metido en la piel de los actores dirigidos por Hitchcock e interpretan entonces un doble papel?

No es relevante si la intención del director era recaudar dinero o si quería acercar un clásico a los jóvenes menos cultivados de América, el resultado es una fantasía alucinante que no podemos dejar de experimentar. Debemos olvidar la mirada cinematográfica; no hay disciplinas, no hay intenciones, sólo lo que nos ocurre al mirar, sólo que al mirar dejemos de saber quién es el que manda.

Chisco Villar

Psycho (1960)

Director: Alfred Hitchcock. Guión: Joseph Stefano

Intérpretes: Anthony Perkins, Janet Leigh, John Gavin y Vera Miles.

Psycho (1998)

Director: Gus Van Sant. Guión: Joseph Stefano.

Intérpretes: Vince Vaughn, Anne Heche, Viggo Mortensen y Julianne Moore.

Deja tu comentario

 
+(reset)-