Cantar sin pensar

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Tres Tipos Gráficos

Ian Curtis, Johnny Cash y Chet Baker.


No saber cantar y hacerlo, no saber cantar y decirlo todo, muy alto. Lo que sale a flote sin saber nadar es la voluntad, la urgencia y la necesidad. Lo importante.

Ian Curtis se suicida con 23 años, y ya ha cambiado algo en la música popular con un único disco editado. Se ha subido a unos cuantos escenarios y entre temblores nos ha contado, sin saber cómo, palabras quizá demasiado oscuras para un alma tan joven. En uno de sus diarios anota, I live in the best terms I can, lo mismo que parece decirnos Johnny Cash sobre su pasado: I will keep myself, i will find a way.

Después de una vida empezando sus actuaciones acercándose al micrófono y diciendo: Hello, I am Johnny Cash, en 2002 graba una versión de Hurt, y sólo podemos llorar. Es mayor, está cansado y ha sido un tipo duro, respetado. Tiene el micrófono muy lejos y ya casi no canta, sólo nos habla, nos cuenta cómo ha sido su vida, humilde y sincero a través de las palabras de otro.

Decía un amigo que lloraríamos mucho menos si lo hiciéramos con convicción, en lugar de hacernos un ovillo en la cama o abrazarnos a otro cuerpo buscando consuelo, habría que ponerse en pie, muy rectos, y mirar de frente una pared, muy cerca. Este llanto cuesta más, mucho más porque es hacia fuera, es hacia el mundo. Es la tristeza y la amargura del hombre que se eleva sobre los demás y cuenta su verdad de la única manera que conoce, sin pensar en las consecuencias o en la vergüenza, simplemente sin pensar.

Otro tipo duro recibe en 1966 una paliza en San Francisco que cambia su manera de hacer música, su boca. De cárcel en cárcel, expulsado de los países en los que pone el pié y consumido por las drogas, podemos ver a Chet Baker los años antes de que su caída libre termine definitivamente al estrellarse en el suelo saliendo por una ventana en 1987. Ha tenido siempre algo dentro que ha dejado salir por esa boca, nueva y vieja, igual que los otros, sin pensar en las consecuencias, sin atender a las normas o las reglas o a los estilos. Es necesario, no se puede evitar.

El corredor de fondo corre en soledad, corre no para desafiar los límites, sino sin saber si existen. Corre, y resulta que un poco después puede seguir, a ritmo desesperado, con la intensidad de saber que no se trata de la última vez, sino de que es para siempre. ¿No es entonces cuando lo haríamos como si fuera la última vez?

Tres hombres que tienen algo que decir y lo dicen, tan fácil como eso y tan complicado como conmovernos. Tres películas para ver juntas, dos de ellas dirigidas por fotógrafos, dos de ellas sin color.
Control (2007). Director: Anton Corbijn

Let’s Get Lost (1988). Director: Bruce Weber

Walk the Line (2005). Director: James Mangold

Chisco Villar

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