Rewind Pina Bausch

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Rewind, con Antonio Tagliarini y Daria Deflorian. Foto Amadeo Novelli

Rewind. Antonio Tagliarini y Daria Deflorian.

Nuovo Teatro Nuovo, Nápoles. 22 de marzo 2011.

Yo no he visto Café Müller de Pina Baush, ni vosotros tampoco. Tampoco ellos lo han visto, y sin embargo nos lo están contando; en el escenario, junto a un par de sillas, hay una caja que hace de mesa y encima un ordenador. Daria y Antonio están viendo Café Müller en youtube y nos lo van contando. Van uno, dos y tres. Y si ahora mismo, vosotros pudierais ver el vídeo de esta obra, que yo vi en Nápoles en el Teatro Nuovo el martes pasado, serían cuatro. Si además terminaseis de leer este texto, serían ya cinco. Cinco estratos sobre el ya lejano primer café de Pina Baush, del que parte toda esta obra que se dispersa, y se desdobla, y ya no es una, sino muchas, una por cada uno de nosotros: la de la oscuridad del patio de butacas, la de la pantalla del ordenador, la que os cuento por escrito, la que nos contaron Daria y Antonio… con su aurea cambiante pero igual de brillante, de la primera a la última, y aunque todas ellas hayan ya pasado, alimentarán a las siguientes, que irán apareciendo y desapareciendo paulatinamente a lo largo de los años…

Cuéntame de qué va Café Müller. ¿Cuál? ¿el del Liceu de Barcelona?¿el de you tube? ¿el de Antonio y Daria? El Café Müller que yo he visto en youtube es muy triste. Es una grabación de 1985 que echaron por la tele. Pero tengo la sensación de que Café Müller visto en la oscuridad de ese teatro fue más triste todavía. Con la música de Purcell como un lamento y ella delgada, delgadísima, con el pelo por la cara, sus brazos implorantes y movimientos de ciega, chocando con todas las sillas y él haciendo un ruido infernal apartándolas a su paso, rápidamente, para que ella no tropiece. Antonio y Daria, de vez en cuando, también hacen el mismo ruido con las sillas. Dejan de hablar de sus cosas, de sus recuerdos, se levantan y comienzan a arrastrar las sillas, restregando sus patas metálicas por el escenario, creando así un puente, a través del sonido, que nos lleva a la representación realizada por Pina Bausch; cerramos los ojos y se activa un extraño mecanismo, Daria y Antonio desaparecen y aparece el recuerdo de una obra que nunca vimos, en la que nunca estuvimos. En el escenario Daria y Antonio han conseguido con Rewind recrear un momento pasado, un momento que es la reproducción de una sensación, y que es mucho mejor que ver la foto de un cuadro, porque aunque no estés delante de un original, sientes algo tan auténtico que nadie te puede venir diciendo que eso que estás viendo es simplemente una copia.

Para crear más dudas sobre cuál es el original y cuál es la copia, y aún a riesgo de ser atrapados por la cálida oscuridad del patio de butacas (imposible que suceda algo así dentro del famoso cubo blanco), el inicio de la obra pretende ser una advertencia: Antonio entra en el escenario llevando una silla en la mano, y la pone en el centro del escenario, como si fuera un trofeo. Entonces nos dice que es una de las sillas que se utilizaron en el Café Müller. Muy ufano nos cuenta que ha pagado 5.000 euros por ella en ebay. Él la encuentra maravillosa: tiene el aura brillante e inequívoca de una auténtica obra de arte. Se sienta en ella, respira profundo y cierra los ojos: está allí, en el escenario de Café Müller. Para Daria, por el contrario, al principio no es tan fácil. Le parece una silla como cualquier otra. Rápidamente se convierte en mi mente en el chiquillo incrédulo del Traje del emperador: todos habíamos creído al entusiasta Antonio hasta que llegó ella, que peinada con una cola de caballo baja (te pareces un poco a Pina Bausch, le llegará a decir Antonio), comienza a poner en duda todo el entusiasmo fetichista nacido de una simple silla, de un simple objeto.

Porque esta obra no se basa en la reproducción de un objeto. No se hace con la silla. Se hace con los recuerdos. Café Müller son los recuerdos de Pina Baush en el café de sus padres cuando era pequeña. Es relativamente fácil pensar en una niña que tropieza con las sillas, que ve a las señoras pintadas y arregladas que entran y salen por la puerta giratoria, los amores fallidos, los señores trajeados… fascinada por los gestos contundentes de los mayores, rodeada de una inmensa tristeza. Tal vez por eso Daria prefiere empezar a desgranar recuerdos de su vida. Los va contando mientras los dos miran Café Müller en la pantalla del ordenador. Se entremezclan, una acción da lugar a otra y el tiempo de las dos representaciones va pasando a la par, en el vídeo, que es el recuerdo de la obra desaparecida, y en las palabras de Daria y Antonio, que lo son de su propia vida también pasada. Pero no hay tristeza en sus palabras, aunque sí una cierta nostalgia. La dramaticidad propia del Café Müller no invade el escenario del teatro Nuovo de Nápoles. Parece que todo se desarrolla en un hilvanar constante de anécdotas pasadas, hasta que, y solo por un momento, un gesto de pena y dolor  recuerda al de la desamparada Malou Airaudo, el de Daria cuando confiesa a pleno pulmón el dolor más grande de su vida: no haber tenido hijos. Ese momento de gran intensidad emocional recrea de nuevo la angustia de la obra de Bausch, y nos confirma otra vez el valor de la propuesta de Rewind.

Al final, la incrédula Daria, con la silla que al principio despreció diciendo que era como cualquier otra, crea con movimientos dulces y precisos una escultura que parece un homenaje a la acción que fue el auténtico germen de todo esto: una niña sola y triste que se esconde entre un bosque de sillas. ¿Cuántas cosas han pasado desde entonces?

Celia Díez

 

 

 

 

 

2 respuestas a “Rewind Pina Bausch”

  1. Scrivo in italano.

    Leggendo questo articolo ho capito definitivamente una cosa: e’ incredibile come ogni spettacolo dal vivo si rinnova negli occhi di chi lo guarda.
    Non esiste un solo e unico “Rewind, omaggio a Caffe’ Muller di Pina Bausch” , ma tanti Rewind quanti sono stati gli spettatori che seduti nel buio del teatro lo hanno visto.
    Stiamo presentando “Rewind” dal 2008, da allora quanti Rewind esistono!!!
    grazie Celia.
    antonio

  2. non conosco lo spagnolo, ma ho letto e capito abbastanza per essere colpita dall’acutezza e dall’empatia non comuni…grazie prima di tutto, Celia. Il critico è anche (soprattutto) uno spettatore privilegiato con diritto di parola, riempie quello spazio vuoto che nel nostro lavoro è presente e previsto e che tocca alle persone che lo vedono riempire,…quasi mai sappiamo con precisione quali spazi, quali segni, quali giochi, quali pensieri. In questo caso, sì.

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