¿América fría?

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Cartel de la exposición "acht argentijnse abstracten" en el Stedelijk Museum de Ámsterdam, 1953

América fría. La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934-1973)

Fundación Juan March, 11 de febrero-15 de mayo de 2011

El paseo de ayer por la Fundación Juan March –en su sede madrileña- fue un regalo. La tercera en tres años dedicada al arte latinoamericano. Cartografiar la historia de la abstracción geométrica en aquel subcontinente es una empresa compleja de partida, teniendo en cuenta las pocas oportunidades que en España hemos tenido de conocer este tipo de trabajo, así como la fragmentación del mismo. Latinoamérica, como no podía ser de otra forma, es un crisol de culturas. Son múltiples los países a los que nos referimos al hablar de la América en español y, como suele pasar, cada vez es más difícil hablar de “arte latinoamericano”. Sin embargo, esta exposición reúne una magnífica muestra de la diversidad de la abstracción geométrica que practicaron y sobre la que reflexionaron estos artistas, mostrando la influencia del viejo continente, con obras de Josef Albers, Victor Vasarely o Max Bill -artistas, que por otro lado viajaron por los países aquí representados-, y la reinvención de esa abstracción geométrica en el trabajo de otros como Joaquín Torres-García, Juan del Prete, Lygia Clark, Carmen Herrera, o Jesús Rafael Soto…

La exposición nos invita a un recorrido plástico enmarcado por dos viajes, que en este contexto podríamos considerar como simbólicos, dos viajes de “vuelta”, dos viajes de Europa a América: el que en 1934 realizara Joaquín Torres-García al regresar definitivamente a Montevideo tras sus diversas estancias en Europa y Estados Unidos, y el que Jesús Rafael Soto emprendiera en 1973 para asistir a la inauguración del museo que lleva su nombre en su ciudad natal, Ciudad Bolívar.

Son múltiples las referencias a la herencia abstracta, concreta, constructivista, neoplasticista e incluso suprematista de la vieja Europa, aunque lo fascinante es el proceso de “traducción”, incluso de canibalismo, como dirían los brasileños, un proceso llevado a cabo para asimilar y hacer suyo aquello que venía de fuera. Un proceso que comienza en 1928 con la publicación por parte de Oswald de Andrade del “Manifiesto antropofágico” a través del cual se repiensa la supuesta dependencia cultural de Brasil.

Id a verla, hay más de una sorpresa en sus paredes: cuadros, dibujos, fotos, documentos, posters y esculturas… Y como suele pasar en este tipo de muestra… no hay casi nadie. Sorprende luego ver las colas que se forman frente a museos como el Thyssen para entrar, suponemos, a su última exposición, Heroínas. Disfrutemos, de nuevo, de visitar una exposición en silencio, sin el bullicio que acompaña últimamente a las conocidas como “blockbuster shows”, grandes operaciones publicitarias que han convertido la experiencia estética de las obras de determinados museos en momentos a evitar.

El catálogo, para los interesados en el tema, es otra joya: ensayos de Osbel Suárez –comisario de la muestra-, César Paternosto, María Amalia García, Ferreira Gullar, Luis Pérez Oramas y Gabriel Pérez-Barreiro; biografías actualizadas, una cronología ilustrada y una selección de más de una veintena de documentos históricos -algunos de ellos inéditos- como los manifiestos de Torres-García, el manifiesto intervencionista argentino de 1946, el de poesía concreta de Augusto de Campos, los textos del venezolano Alejandro Otero o “Rayas y pez raya en el papel rayado…” de Lezama Lima.

Marta Muñoz Recarte

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