Vaya torrija

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C.D: Aún a riesgo de que esto parezca un post del Comidista, hemos pensado dedicarle este último post de la semana a la Torrija, no a la cantante de Mecano, no, no, sino a este pedazo de postre tan español y tan rico que nos empeñamos en comer solo en Semana Santa. A nosotros, que santificamos todas las fiestas, en realidad las que más nos gustan son las que se celebran comiendo algo, y como la ingesta de la dichosa torrija de un proceso del cuerpo de trata (por no ponernos a  hablar de la desaparición en este caso), os damos varias posibilidades de experimentarlo en vuestras propias carnes:

Torrijas (8 personas)

1 pan de torrijas (mejor comprado la víspera)

de 3/4 a 1 litro de leche hirviendo

3 cucharadas soperas de azúcar

2 o 3 huevos

1 litro de aceite (sobrará)

Azúcar molida para espolvorearlas (aunque Simone no lo ponga con canela también están muy buenas)

Se corta la barra de pan en rodajas de un dedo de gruesas (2 cm y al bies) y se colocan en una fuente un poco honda. Se pone la leche a calentar con las 3 cucharadas de azúcar y cuando está a punto de cocer se vierte sobre el pan. Se deja como una hora para que empapen.

En un plato sopero se baten 2 huevos como para tortilla. Al momento de freír las torriejas, se cogen de una en una con una espumadera, se rebozan en el huevo batido rápidamente y se colocan en el aceite caliente. Cuando están doradas por un lado, se les da la vuelta con cuidado para que no se rompan. se sacan y se dejan escurrir un poco.

Se colocan en la fuente donde se vayan a servir, espolvoreándolas con azúcar. Se pueden servir templadas o frías.

Del libro de Simone Ortega 1080 Recetas de cocina, Alianza Editorial.

 

J.C: Pues qué quieres que te diga ,chica… no sé… a mí me da cosica comer dulces de temporada fuera de temporada. Me irrita cuando veo Roscones de Reyes en la fiesta de Todos los Santos; no me hace ninguna gracia ver los polvorones  los turrones ya listos a la vuelta de las vacaciones de verano; no entiendo que en los anaqueles haya buñuelos de viento para San Miguel y mucho menos que las pastelerías se llenen de huevos de chocolate en Carnaval.   Cada cosa tiene su tiempo. Y la torrija…  es de Semana Santa: hay que esperar a la primera luna llena después del equinocio de primavera. Entonces es cuando saben más ricas. La torrija es, fundamentalmente, pan frito. No hay que olvidar esto. En muchos lugares acaban siendo un trozo pastoso y blando empapuzado en almíbar y azúcar refinado. En algunos lugares, incluso parece que las hacen con pan de molde industrial. Eso no puede ser: debería estar tan perseguido y castigado como la piratería en internet. La torrija es prima del picatoste y ese parentesco no debe perderse nunca. Aunque la miga esté bañada en leche, al freirla hay que lograr que conserve la cosa crujiente propia del pan frito. Además, teniendo en cuenta que al final recibe un baño de azúcar o de miel rebajada, hay que procurar que la miga sea un poco sosa para equilibrar la intensidad del exterior. Si a esa sosez se le añade un toque de acidez con un poquito de vino tinto de batalla, ¡fetén! . En Madrid, sin ninguna duda, mis favoritas son las del Anciano Rey de los Vinos, local de toda la vida justo enfrente del asesinado Teatro Albéniz en la calle Paz.

 

C.V: Muy bien, comemos las torrijas en Semana Santa, pero no estoy tan seguro del momento del día en que se deben tomar. Las torrijas son un dulce que entra difícilmente en la categoría de postre y después de una comida no parecen muy apropiadas ya que se trata de pan. Podemos esperar a después de la siesta, merendarlas haciendo tertulia, pedirlas en lugar del pincho de tortillas de media mañana o, lo que yo prefiero: desayunarlas antes de ir a trabajar.


 

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