Dejarse llevar

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Lo primero, hay que hacerse con una borriquilla*. No hubiera tenido sentido entrar por propio pie. No es un guerrero dispuesto a utilizar su fuerza para echar abajo muros o puertas, para dirigir las tropas. No se trata de conquistar nada. La tarea es solamente entrar, cruzar el umbral después del cual ya no hay vuelta atrás. Nadie sabe lo que va a pasar aunque está todo escrito. Hay que ser llevado:  hay que dejarse llevar. La mirada está en la muchedumbre, no en la puerta de la ciudad. Frente a multitud de cuerpos que se agitan excitados y descontrolados, hay que mantener la calma. Dejar hacer. Dejarse.

*( Después de Domingo de Ramos los chiquillos de Santa Ana la Real (Huelva, España) roban por la noche los burros de los vecinos y los esconden en la sierra. El sábado por la noche los suben todos al pueblo y el Domingo de Resurrección los sueltan.)

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