Sobre armarios, puertas, espejos y ventanas

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Son Dong's parapavillion.

Song Dong’s parapavillion (intelligence from poor people), Arsenale,  54 Biennale di Arte di Venezia

Entre las pocas cosas reseñables  de esta 54 Biennale Internazionale d’Arte, destaca sin duda, el parapabellón del artista chino Song Dong con el que comienza la exposición en el Arsenale.
Una vez superados los controles, las muchedumbres y los mogollones de gente que te ofrece merchandising variado, uno llega por fin al comienzo de la exposición. Siendo el principio, esperas (inconscientemente, supongo) un gran gesto espectacular que nos deje atónitos y que, de paso, haga evidente el poderío de la institución y el supuesto discurso que sostiene todo el despliegue. Pero no es eso lo que te encuentras: en su lugar un acceso angosto, un espacio iluminado con luces totalmente ordinarias, una especie de casa que (a tus ojos siempre listos a fabricar exotismos) parece china elevada por un armazón metálico sobre nuestras cabezas y unos extraños objetos hechos de material reutilizado se interponen en tu camino y te obligan a dar unas vueltas caprichosas. Si eres capaz de superar esta primera desorientación y no cedes a la tentación de pasar a la siguiente sala-atracción-de-feria, comenzarás a descubrir cosas. Resulta que esos bultos irregulares entre los que deambulas, son trozos de armarios. Más precisamente, son frontales de armario unidos entre sí formando una especie de corros cerrados e irregulares. Paseas entre los pasillos accidentales que quedan entre un corro y otro. De repente, una de las puertas de los armarios está abierta: si eres suficientemente valiente y te atreves a entrar (a pesar que nada te invita claramente a hacerlo) te darás cuenta de que el interior del corro es otro lugar. En realidad las condiciones del espacio son las mismas pero tu posición ha cambiado: ahora estás dentro. Desde allí, ves que todos los frontales miran hacia el interior del corro. Es decir, las caras interiores de los armarios, las que nunca se ven, construyen el camino extraño por el que caminabas antes de decidirte a entrar, mientras que las caras exteriores de los armarios forman ese interior en el que ahora te encuentras.  Así, simbólicamente, has entrado en ese lugar desde dentro de los armarios y has ido a dar con una especie de fachada-superficie continua formada por las partes exteriores de los armarios ensambladas. Entrar allí, ha sido una manera de salir de un armario. Es obvio que los frontales que ahora te rodean son trozos de muebles que antes, han pertenecido a personas, han estado en casas y han sido utilizados para guardar cosas. Antes de ser parte esta gran operación cultural que llamamos Biennale, eran objetos de uso ordinario. Entiendes que ese interior hecho de caras exteriores, remite, a su vez,  a otros interiores cotidianos y privados desaparecidos, es decir, a las casas en las que estuvieron esos armarios. Pero la cosa va más lejos aún: como es habitual, muchas de las puertas de los armarios son lunas de espejo en las que inevitablemente te reflejas.  Allí dentro, tu figura aparece como parte de un nuevo exterior, esta vez, especular  producidoen los espejos. Tu cuerpo ocupa el lugar que ocuparon anteriormente aquellos otros cuerpos cuyos hogares estuvieron poblados por aquellos armarios. Tú ya no eres tú, sino ellos, los que ya no están aunque,aunque, quién sabe si su memoria quedó sutil e invisiblemente impresa en el azogue de los espejos. Desconoces por completo los detalles narrativos de las historias que habitan en esos armarios. Pero la memoria está ahí, manifestándose como un relato sin palabras. En ese momento, ves pasar a alguien por fuera. Algunos espejos han sido sustituidos por cristales transparentes y algunas puertas están abiertas y dejan ver a otros visitantes de la exposición que deambulan por los caprichosos pasillos formados por el ensamblaje de caras interiores de armarios usados. Parece que ellos no se han atrevido a cruzar el umbral. A un lado estás tú y al otro los que no conocen el interior privado y mudo que tú ocupas ahora. Nadie devuelve la mirada. Solo si te plantas delante de un espejo encontrarás una mirada que te reconoce y te constituye al mismo tiempo. El problema es que, a estas alturas, ya sabes que quien te mira desde dentro del espejo es ese otro desaparecido. No eres tú. O, aún mejor, no soy yo. “Se fractura el espacio, se fractura el sujeto” escribe Estrella de Diego (2011: 31). (Entonces, justo antes de disponerte a salir y a continuar visitando las atracciones, te das de bruces con una plataforma blanca con una figura chiquitita y deliciosa que representa a un señor que se ha caído de su silla de ruedas. Se te antoja que es una exquisita versión pop de la caída del caballo de Saulo camino de Damasco. Tú, a piñon fijo con tus referencias).

Jaime Conde-Salazar

REFERENCIA:
•    DE DIEGO, E.,2011, No soy yo, Siruela

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