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Isla de los museos en Berlín

Llega el verano, los hielos se derriten y comienzan los días de noches mínimas en Berlín. Son pocos, apenas unas semanas. Un plan perfecto y berlinés en sentido amplio, (es decir, günstig, un adjetivo muy valorado en estas latitudes: calidad al mejor precio) para los jueves de estos días sin noche, es coger la bicicleta a las 6 de la tarde y acercarse a la Museuminsel. Una vez allí y según el día que uno tenga (más romántico alemán, más clásico, bizantino o incluso egipcio) entra en el museo que más le llame, dejando a poder ser el Pergamonmuseum para última hora, cuando ya sólo queda algún rezagado español de cena tardía. De 6 a 10 están todos los museos estatales abiertos gratuitamente, así que sin mirar el reloj ni la cartera, uno puede decidir entrar y salir en los que más le apetezca con libertad total.
Una vez saciado el apetito espiritual, como da mucha hambre, cogemos de nuevo las bicis y nos dirigimos a la Munzstrasse, a un pequeño restaurante vietanamita, con una cuantas mesas fuera, llamado Com Viet. Allí por menos de 10 euros cenaremos estupendamente, sin haber esperado para tener mesa, pues aunque esté llenísimo enseguida te hacen un hueco en cualquiera que esté un poco vacía.
Si después de esto hay alguien tiene antojo de Gin Tonic, alrededor hay muchos sitios donde tomarse una copa, aunque dicen los expertos que, al lado de nuestro restaurante, está el único sitio de Gin Tonics decentes de todo Berlín, con tónica Schweppes en botella pequeña. En los Hackescher Höffe (Rosenthalerstrasse 34).

Raquel Rivera vive en Berlín donde puede ser violinista a tiempo completo.

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