Cine de verano 1

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Querido F.:
La última vez que My own private Idaho (Gus van Sant, 1991) fue hace mucho tiempo. Solo me acordaba de la escena en la que Keanu Reeves se convierte en chico de portada de revista gay y, desde la propia portada, habla con otros chicos en otras portadas de otras revistas colocadas en el mismo mostrador. Al verla ahora, me he dado cuenta de que este señor siempre consigue que en sus pelis todo discurra en calma haciendo uso de una tranquilidad radical. Y eso me viene muy bien. Me pone en un estado en el que la urgencia no tiene lugar: cada cosa pasa cuando tiene que pasar y siempre hay tiempo para disfrutarlo. Quizás por eso me ha dado tiempo a descubrir al Enrique IV y al Falstaff shakesperianos enredados en el guión. Pero quizás lo que más me ha gustado es esa escena en la que los protagonistas se quedan colgados en el desierto y encienden una hoguera para pasar la noche. Entonces River Phoenix se pone a hablar. Es la única vez en la que parece salir de sí para hacer el esfuerzo de comunicarse, de reclamar algo al mundo. El mundo es Keanu Reeves (ese príncipe caprichoso) y, por supuesto, no está dispuesto a dar lo que se le pide.  Eso es lo que es una conversación: entre dos polos se produce una corriente de palabras a través de las que se construye un sistema de malentendidos, aproximaciones perezosas, deslizamientos del sentido, silenciamientos estratégicos y sobrentendidos cargados por el diablo.  Llamamos a eso comunicación. Por casualidades de la programación, coincidió que en la tele echaban Some like it hot (Billy Wilder, 1959). Me enganché y me pareció que Dafne (Jack Lemmon hecho contrabajista de una orquesta de chicas) era un trasunto anacrónico de Mike Waters (River Phoenix) y Josephine (Tony Curtis de saxofonista) de Scott Favor (Keanu Reeves). Para rematar, acabé en Ataque verbal (Miguel Albadalejo, 2000), una colección de siete conversaciones entrelazadas. Me volví a reír tanto. Y no pude evitar creer que Milagros (Geli Albadalejo) y Rosario (Elvira Lindo), las dos barrenderas que luego sirvieron a la propia Elvira Lindo para escribir su novela Una palabra tuya (2005) y a Ángeles González Sinde para hacer una película flojísima, eran también los extremos de la misma conversación.
Y tú, ¿qué has visto últimamente?
Abrazos,
J.

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