Cine de Verano 2

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Querido J.:

Terminar la segunda temporada de Treme, la serie de David Simon sobre la New Orleans de después del huracán Katrina me deja con muchas ganas de música, de música en directo y de la gente que la disfruta. En Madrid no hay muchos conciertos en agosto así que ayer busqué una película sobre música y como había vuelto a ver 24 Hour party people (Winterbottom, 2002) hace muy poco y High Fidelity (Frears, 2000) me parece demasiado para estar solo en casa, he llegado a The boat that rocked (Curtis, 2009).

En esta película de título infame la trama, que se desarrolla en un barco convertido en emisora pirata en los años 60 en el Reino Unido, se intercala con escenas en las que podemos ver a algunos de los escuchantes de los programas que se emiten. Una chica se baña después de trabajar, otras dos terminan de limpiar la cafetería ya vacía, un chaval esconde el transistor bajo la almohada para dormirse escuchando a los Kinks… A una hora determinada, alguien toma el mando y les conduce por las canciones que decide compartir, que decide recomendar.

Las nuevas tecnologías han colocado el timón en nuestras manos, hacemos listas de reproducción, compartimos nuestras referencias y favoritos y podemos recurrir a ellos desde infinidad de dispositivos, y sobre todo, cuando decidimos que nos viene bien. Esta democratización ha generado muchísimo conocimiento y hay innumerables teorías que la analizan. Quizás es un poco blando y romántico, pero creo que el ritual de tener que estar a una hora determinada escuchando lo que alguien tiene que contar utilizando las palabras de otros es precioso. Escuchar en directo lo que nos recomiendan, un discurso creado a partir de pequeñas piezas musicales. El locutor dice nervioso: “espera, espera, tienes que escuchar esto” y va y lo pone, para ti.

Desde esta película voy hacia los Jardines de Kensington (DeBolsilo. 2005), el libro de Rodrigo Fresán que entrelaza a Peter Pan, a Barrie y la música del Londres de los años 60. Pero también voy hacia Almost Famous (Crowe, 2000), porque Philip Seymour Hoffman repite su personaje y porque creo que ya tengo plan para las próximas noches: Cine de chicos listos e ingenuos, de esos personajes hacia los que aspiramos, porque son un poco blandos pero muy inteligentes, porque están en el lugar adecuado pero casi por casualidad, la mirada clara y quirúrjica de adolescentes que se hacen mayores llenos de talento. Después de la película de Cameron Crowe viene Wonder Boys (Hanson, 2000), y así te lo iré contando.

Ciao.

F.

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