Cine de Verano 3

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Querido J.

Uno se pregunta constantemente si laa oportunidad ya habrá pasado, si cuando le dijeron que no podía entrar debió volver a llamar y convencer al portero. Uno se pregunta si no se estará ahora perdiendo algo que más adelante se contemplará como fundamental para entender una época, un momento.

Me acuerdo siempre de mi amigo Diego cuando pienso estas cosas. Estaba en Madrid aburrido, perezoso, y a pesar de haber ido esa temporada a muchos conciertos y tener ya la entrada comprada, el de Nirvana, en la Riviera, le dio cierta pereza y pensó que ya les vería el año siguiente, que ya volverían. Kurt Cobain se suicidaba poco después y pasaba a la Historia, y Diego desde entonces se piensa mucho a qué conciertos deja de ir. Oportunidades perdidas: ¿se nos habrá escapado alguna tan emocionante como la de acompañar a los Still Water en Almoust Famous (Cameron Crowe, 2000)

Hitchcock decía que en la mayoría de las películas había una gran cantidad de escenas que no aportaban nada, lo que llamaba fotografías de gente hablando. En su opinión, el encuadre, el movimiento en la escena, la luz… debían servir para comunicar, y sólo en último caso, debe la explicación recaer en la palabra, que en principio, es ajena al cine. Al introducir música en esta ecuación todo cambia, y me refiero a canciones, no a la banda sonora como acompañamiento, sino a canciones con letra, una narración paralela. Es muy revelador que cuando la hermana mayor de William decide irse de casa, ponga el tocadiscos para explicarse y le diga a su madre: “Escucha esta canción y entenderás todas las razones que me obligan a marcharme para ser azafata” y se queda allí, de pie, esperando, mientras la música se explica por ella: Una fotografía de gente escuchando música.

Y siguiendo con esto de la música, ¡Cómo me gusta cuando los personajes de una película empiezan a cantar la canción que suena como banda sonora! Tiny Dancer de Elton John suena en la radio del autobús de la gira y a modo de comunión después de una gran pelea, todos la cantan, tímidamente al principio, a gritos para terminar. Me acuerdo de la escena de las ranas en Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999) y cómo allí ni siquiera la canción proviene de un lugar factible, una radio, un coche, un bar… la música sale de la banda sonora directamente, al igual que las ranas caen del cielo, sin explicación, pero siendo absolutamente necesarias. Me doy cuenta de que también Philip Seymour Hoffman tiene un papel aquí.

Termino ya querido J. con una curiosidad muy tonta pero que me parece muy reveladora; en ningún momento de esta película vemos escenas de sexo, no hay cuerpos que se recuestan en la penumbra, ni agarrones llenos de pasión, el sexo ocurre tras las puertas, la noche anterior o la mañana siguiente, pero nunca en el ahora de la escena. Así es a los ojos de un chaval de 15 años. Es maravilloso ser capaz de contar tantas historias de amor con ojos tan inocentes, y es maravilloso ser tan coherente con los ojos a través de los cuales conocemos la historia.

Ciao.

F.

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