Cine de Verano 4

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Querido F.:

No tengo el cuerpo yo para Fassbinder. Me pongo dos películas de 1974, La ley del más fuerte y Effi Brest (supongo que inconscientemente buscaba a la deslumbrante Effi de la segunda, tercera y cuarta temporadas de Skins) y no logro acabarlas. Sí, todo muy bonito, todo muy contenido, todo muy para dentro… las palabras que no se dicen, las imágenes que no se acaban de ver… pero, como te digo, con este calor, no me da para disfrutar de estas cosas. En estos momentos lo que pide el cuerpo es piscina (con todo lo que la piscina implica). Y por eso creo que tienes toda la razón: la combinación perfecta es música y jóvenes interesantes. Así que, para no jugármela otra vez, volví a Gus van Sant: esta vez Finding Forrester (2000). No es tan sofisticada como las posteriores Elephant (2003) o Paranoid Park (2007) pero me supo bien rica. Sobre todo el reconfortante final feliz lleno de autosuperación, recompensa y paternalismo. Es lo que necesito en este momento de indolencia estival: happy ending, happy ending. Por si me quedara alguna duda, la cancioncilla con la que acaba el show es la versión que Israel Kamakawiwoole hizo de Somewhere over the rainbow. Tirado en el sofá a las tantas veo pasar los títulos de crédito y no puedo evitar ponerme a canturrear la canción. Me pongo a zappear y resulta que están echando Singing in the rain (Stanley Donen, 1952). Planazo. Me quedo enganchado y caigo en que, aunque a mí, hoy, me parezca un señor mayor, Don Lockwood (Gene Kelly), en realidad, en el momento en el que se hizo la peli, es un jovenzuelo, el equivalente de los cincuenta a los chavales de Gus van Sant. Quiero bailar como él. Me encantaría ser capaz de deslizarme por la superficie brillante del suelo solo golpeando suavemente con las puntas y los talones. Cómo él… tap, tap, tap, tap… siempre ligerito. Y la cabeza, como si perteneciera a otro cuerpo, como si fuera solo el soporte de esa sonrisa deslumbrante, como si su movimiento no tuviera nada que ver con los pies y simplemente se dedicara a balancearse como si un placer arrebatador la estuviera atravesando. A veces incluso entorna los ojos como si entrara en una especie de trance. Me pongo a practicar: canto y doy saltitos a la vez por el salón. Moses supposes his toeses are roses, Moses supposes erroneously…. De repente, alguien chilla por el patio que ya está bien. Contesto que desista de dormir con esta sofoquina y que haga el favor de sintonizar mi canal y unirse al singin and dancing. Al rato, oigo una ducha que se abre y a alguien que canta “what a glorious feel, now I’m happy again”. Se me antoja que la revolución va a venir por ahí.

¿Has pasado en Madrid el puente de la Virgen?

Besos, J

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