Cine de Verano 6

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Querido F.:

Ya veo que has tenido tu momento “fassbinder-me-muero-de-la-pereza”. Me alivia darme cuenta que no soy el único que acaba siendo víctima de sus propias aspiraciones “elevadas”. Parafraseando a Martirio,  hay que “dejarse llevar, que el cuerpo no tiene la culpa de ná”. Como sabes, estoy totalmente enganchado a “Mario y Alaska”, sin duda, el show de la temporada en MTV. Me veo las repeticiones en la tele y cuando me acuesto siento como si Mario Vaquerizo me poseyera y mis pensamientos sonaran en mi cabeza con su voz!! Y me encanta. El caso es que me voy a pillar unas pelis y, todavía poseído por Marito, veo Las amigas (Antonioni, 1955). No puedo evitar soltar en alto “Hola amigaaaaaa” mientras cojo la caja: es mi plan nocturno. Sorpresa total.  El desfile de abrigos de piel es memorable. Los modelitos en plan new style dioriano, son toda una lección. Pero lo más revelador es lo modernísimo que es el plan de las chicas que retrata. Una jovencita (en las películas antiguas, las jovencitas parecen ya señoras) llega a Turín procedente de Roma para poner en marcha una tienda de modas. Enseguida se hace un grupito de amigas y les pasan cosas. Son todas muy pijas, muy pijas. Lo interesante es que ese pijerío no les lleva a reafirmar los patrones asignados a la mujer por la sociedad burguesa tradicional sino todo lo contrario. Todas son dueñas de su vida y hacen lo que quieren: una es artista, la otra una vividora al más puro estilo “señor”, la otra trabaja y pone firmes a todos los hombres a su cargo… Mujeres acomodadas e independientes. Es decir, un muy interesante precedente de Las chicas de oro y su más reciente secuela Sex and The City.
Es tan difícil entretener y que le hagan a uno feliz, que cuando descubro a alguien que lo consigue, me hago fans de inmediato. Me pasa con Miguel Albadalejo.  Así que completo el plan de Las Amigas con Nacidas para sufrir (2010). La historia es muy ocurrente y da incluso para llorar en algunos momentos. Esta vez lejos de las ciudades y del glamour: entorno rural español post-ley para regular el matrimonio entre personas del mismo sexo.  Me retuerzo de placer al escuchar  cómo hablan y las cosas que se dicen. Con Albadalejo me pasa lo mismo que con Almodóvar, tengo la sensación de estar aprendiendo a usar las palabras, de descubrir nuevos y fascinantes recovecos del lenguaje. Y esos descubrimientos me hacen partirme de la risa.
Al escribirte esta carta me acuerdo de repente de aquel plan que nos hicimos en Roma para ver cine de forma sistemática. Cada uno tenía que proponer una lista de pelis que debía incluir un título favorito, uno imposible, otro inconfesable… ¿cómo era tu lista?
Abrazos sudorosos,
J.

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