Cine de Verano 8

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Querido J.:

Ya que mencionas Roma te diré que en estos días, además del Papa, he descubierto otras manifestaciones romanas en Madrid.

La señora de los quesos del Trastévere (la Antica Caciara, se llama su tienda) es ya una referencia mil veces repetida entre nosotros, una parte del código privado que revela el contenido de la mandorla de materia gris compartida que flota entre los que han convivido, entre los amigos. Como en Gerry, (Gus Van Sant, 2002) en la que los protagonistas se comunican casi exclusivamente repitiendo el nombre de ambos, “Gerry”, dejándonos fuera de los significados, dejando en la piel lo poco importantes que son las palabras para la amistad. Las palabras no lo explican todo, como has podido comprobar con el espectáculo papal.

Esta señora, la de Roma, se ha manifestado, o encarnado, como te gusta decir, en el dueño de La Quesería, en el barrio madrileño que ahora habito. Igual de encantador, igual de cariñoso y amable, siempre dispuesto a una recomendación, a compartir su pasión por lo que hace, por lo que vende, por lo que entiende que es un manjar, algo exquisito que debe ser tenido en cuenta. Es muy refrescante encontrarse con personas que aman su trabajo y que te hacen partícipe de ello.

It might get loud (Davis Guggenheim, 2008) puede parecer un documental sobre la guitarra eléctrica, pero es una historia sobre tres personas enamoradas de lo que hacen, en este caso, tocar la guitarra y componer música. Son Jimmy Page de Led Zeppelin, The Edge de U2 y Jack White de los White Stripes. Cada uno cuenta cómo trabaja, que le enganchó de la música o que es lo que le mueve para seguir con ello tras el éxito. Es la historia de tres alucinados, de tres adictos, de tres personas que conocen sus deseos y han logrado agarrarlos y llevarlos hasta el final.

Me conmueve ver a estos músicos que han encontrado una manera de contar lo que les apasiona, que han llegado cada uno a su verdad, cada uno por su camino, me conmueve y pienso otra vez en las oportunidades perdidas, en esa película de la que no quiero decir el título y que me ha parecido pretenciosa, llena de grandes palabras, de palabras susurradas y de pequeños gestos que lo significan todo. La tengo presente y me aterra haber podido cometer ese mismo error alguna vez, desde luego, como antídoto, hay que ver Gerry una vez más y aguantar ese montón de minutos sin diálogo, casi sin imagen, que nos llevan hacia la revelación.

(No quiero seguir para no contarte el final).

F.

P.D. Se acaba el verano, ¿qué vamos a hacer ahora?

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