Las mariposas de Esther

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Pues aquí las tienes. Les acabo de hacer una foto con el teléfono móvil después de haber leido en el periódico todo sobre la exposición en Vitoria. Ya han pasado dos veranos y mira cómo se han hecho de grandes. Están como recuerdo a sus hermanitas de París. Aunque por ahora solo tengo dos macetas y tu tenías una hilera encima del poyete de la cocina, en el del ventanal que da al patio.  Aquí, en cambio, hay que tener cuidado dónde las pones, porque el sol es a veces muy fuerte y ya me ha pasado alguna vez que se han quemado algunas hojas por poner las macetas directamente en la ventana: les salen unas manchas blancas grisáceas y se le arrugan los pétalos a las pobres…

Al principio no fue fácil porque a mi lo de las plantas se me da fatal y en mi miedo al olvido, casi las ahogo de tanta agua que les echaba todos los días. Luego me di cuenta que es una planta muy especial, y no solo por la forma de sus hojas, que además son moradas, sino porque son de fácil interpretación: solo con mirarlas te dicen exactamente qué están haciendo y qué quieren; duermen por la noche y recogen sus alas de mariposa, toman el sol, muy tiesas durante el día, si tienen hambre se amustian un poco inclinando el tallo, si hay brisa mueven ágiles los pétalos… Tenías razón, son de lo más agradecidas.

Siempre las presento como las mariposas de Esther. Ni que decir tiene que son las únicas plantas que tengo en casa (junto con una palmerita brasileña super resistente). Y ya les han salido muchos amigos que quieren llevarse un bulbito, como el que tu me diste a mi metido en un algodón humedecido, como el de los experimentos de ciencias naturales que hacíamos en el colegio con la alubia que veíamos crecer através de un bote de cristal. El bulbito parisino soportó perfectamente el viaje en avión hasta Nápoles, de la misma manera que sus hermanos lo hicieron desde África hasta Francia. ¿Fue en el jardín de Luxemburgo que las compró tu amiga?  Ahora se me escapa ese detalle, pero sí que recuerdo bien que me contaste que son africanas. Por eso me gusta mucho la idea de que hayan vuelto al sur, y que estén bien en mi casa, como lo están en la tuya del norte. Los africanos se amoldan bien a las situaciones adversas…

Son un poco de Esther Ferrer en mi casa.

Esther Ferrer tiene una exposición magnífica en ARTIUM hasta el 8 de enero. Una exposición con propuestas.

 

 

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