¡Esto sí que es una performance!

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TÍTULO: La parábola de los ciegos

AUTOR: Pieter Bruegel, el viejo (1525-1569)

LUGAR: una aldea cerca de Bruselas. Caminan por un lugar plano, pero con una buena pendiente hacia abajo,  que termina en un charco de barro o en un riachuelo.

DURACIÓN: Lo que tardan en caer seis fichas de dominó.

ACCIÓN: Inevitable preguntarse ¿qué hacen aquí seis ciegos en fila india? Obvio. Caerse en cuanto lleguen al riachuelo que hay a la derecha… Querrán deducir si es esta la primera vez que os caéis durante este paseo (absurdo). Por eso, sólo lo haréis cuando lleguéis a su altura, cuando empieza la rampa, como si hubierais llegado hasta allí paseando tranquilamente desde el pueblo, brazo con hombro, los bastones como un trait d’union.

Delante de sus propias narices, torpemente, pero con un cierto aire cómico, como las caídas de las películas mudas, al tuntún y con mucho aspaviento. No. No es posible. Será algo trágico: estáis ciegos. Incluso muchos pensarán en echaros una mano. El que va a la cabeza es el primero en tropezar; como si la culpa fuese toda suya… Todos dependen de él. Aunque es difícil saber si eres consciente de tener esa responsabilidad: la de guiaros a vosotros que, como él, no veis nada.

Su caída será la primera nota de una sinfonía de golpes, tropiezos, aullidos y lamentos: todos los demás van detrás, uno detrás de otro, ¡imbécil no te pares! Le estás pisando la cabeza. Le arrollas. Tu le pasas por encima… ¡no me empujes!¡ me caigo…! El ruido de los cinco bastones al caer al suelo.

Nosotros, en la luz, inmóviles. Ellos, cayéndose en la oscuridad.

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