05. La labor del dramaturgista. El momento justo.

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5- Dramaturgy is also being able both to affirm and repudiate at the right moment: knowing what, when and how to say something. Based on a realization of the vulnerability of the buiding blocks, but also conscious that the construction sometimes needs a good pounding.
(5- La dramaturgia consiste también en ser capaz de afirmar o rechazar en el momento justo: saber qué, cómo y dónde decir algo. Hay que ser consciente de la fragilidad de los materiales con los que se está construyendo, pero al mismo tiempo, hay que ser consciente de que para construir, a veces, hay que llevar a cabo primero una buena demolición.)
(Marianne Van Kerkhoven, 1994, “Looking without a pencil in the hand”, Theatreschrift, # 5-6)

En muchas ocasiones, sería mucho más fácil ser un cazador sin escopeta. De esos que solo acompañan llevando trastos, controlando a los perros o acarreando las piezas. Nadie espera que resuelvan nada y, por tanto, permanecen siempre en un segundo plano, siendo, muy a menudo, ignorados. Esta no es la labor del dramaturgista: de él se espera que, llegado el momento, dispare. No debe quedar lugar para el miedo. Lo único que es importante es que el tiro sea certero y la herida limpia. Para lograrlo hay que observar mucho y esperar otro tanto hasta que llegue el momento justo de agarrar a la Ocasión por los pelos.
No hay que olvidar que el dramaturgista no trabaja para sí mismo sino que se debe a un proyecto puesto en marcha por un artista, un festival, una organización, etc. Por ello, aunque al afirmar o rechazar esté manifestando inevitablemente un punto de vista, el dramaturgista no está (o no solamente, al menos) expresando su opinión o gusto personal: de nuevo hay que tener mucho cuidado para no confundir su labor con un ejercicio perverso de imposición de autoridad. La posición que ocupa el dramaturgista es la que se le ha asignado y la que más conviene al proceso y desde ahí es desde donde puede hablar. Cabe incluso la posibilidad de que esta posición no coincida con lo que le resulta más interesante a él  mismo. En ese caso, debe ejercitar cierto desapego hacia las opiniones personales y ceñirse a lo que se reclama de él. Esta distancia es la que facilitará que, llegado el momento, el dramaturgista no yerre el disparo.
La prudencia puede convertirse en un inconveniente. Hay momentos en los que no hacer o decir algo por miedo a las consecuencias que pueda traer, es una traición. Lo difícil es saber cuál es ese momento justo. No hay que olvidar que, en tanto proceso de producción de conocimiento, un proceso de creación nos enfrenta a lo que desconocemos. Esto quiere decir que los caminos no acostumbran a ser rectos y que suelen estar sembrados de fracaso y equivocación. Por eso, si el dramaturgista detecta que se ha llegado a un callejón sin salida, debe expresarlo: como en tantas otras cosas en la vida, no tiene sentido empeñarse en lo que se sabe que no es. Por mucho que se haya trabajado o invertido, por mucho que el fracaso nos pille por sorpresa, no hay que tener miedo a llevar a cabo la tarea higiénica de limpiar, de deshacerse de lo que no funciona. El dramaturgista debe ayudar a identificar aquellas cosas que convienen y aquellas que entorpecen un proceso de creación y a evitar que el error traiga de la mano al desaliento.

Jaime Conde-Salazar

Una respuesta a “05. La labor del dramaturgista. El momento justo.”

  1. tomas dice:

    Esta entrada me recuerda mucho a lo que se desprende del signo Shih Ho/ la mordedura tajante, del libro de las mutaciones I ching.

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