¡Esto sí que es una performance!

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TITULO: Mujer dormida

AUTOR: Johannes Vermeer (1632-1675)

LUGAR: Un interior burgués en los Países Bajos pasada la mitad del s.XVII: paredes lisas, suelos sencillos y una luz mortecina y lechosa que no alcanza a iluminar todo el espacio.

DURACIÓN: Indeterminada. El tiempo que dura una siesta corta.

ACCIÓN: Se ha quedado reposando después de comer. Los hombres se han marchado pero ella no se ha levantado: acodada en la mesa, se echa un siestecita y en ese estado de duermevela en el que es imposible distinguir el sueño de la vigilia, ocurre la epifanía. Pero aquí no hay dioses, ni héroes, ni escenas sagradas, ni santos, ni rompimientos de gloria. Aquí lo que se manifiestan son las cosas del mundo: la ligereza del sueño hace que la alfombra, las porcelanas, los vidrios, las frutas, las telas, la luz de la tarde, la puerta entreabierta, la habitación contigua… se escapen de la psique de la mujer y aparezcan ante nuestros ojos en forma de imagen. Es una visión que se ve con los ojos cerrados, o lo que es lo mismo, que se ve con el resto de los sentidos: la suavidad de la lana, el olor de la fruta, el calorcillo de los últimos rayos de sol, los ruiditos distantes en la habitación de al lado. El sueño de la mujer no nos lleva a lugares extraños, sino a “las sensaciones físicas de estar en el mundo” (que diría Ángel González de la mano de Juan Navarro Baldeweg).

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