06. La labor del dramaturgista. La intimidad.

Print Friendly

6

 

6. It also involves the building up of a special type of personal relationship, in order to carry on conversations that are on the one hand highly specific- they are, after all, concerned with the progress of practical work-and on the other very serene and “wasteful” in the way personal contact is.
(6. La dramaturgia requiere que se establezca un tipo especial de relación con el fin de que se puedan tener conversaciones que por un lado son muy específicas- al fin y al cabo tienen que ver con el desarrollo de labores prácticas- y por el otro son muy serenas e “inútiles” tal y como es el contacto muy personal.)
(Marianne Van Kerkhoven, 1994, “Looking without a pencil in the hand”, Theatreschrift, # 5-6)

El principio de la dramaturgia está en el acuerdo al que llegan al menos dos personas para trabajar juntos. Lo primero es que exista un compromiso de colaboración cuyo objetivo sea producir algo o proponer una solución a una situación. Pero no hay que confundir el objetivo del acuerdo con el origen del mismo.
El origen del acuerdo está en la complicidad, en el hecho de que dos o más personas sean conscientes de que comparten cierta visión de las cosas, ciertos intereses, ciertos deseos, cierta disposición, etc. Pero aquí hay que andar con cuidado porque no se trata de que las personas implicadas en un proceso sean lo mismo, piensen los mismo y se imponga cierta uniformidad en el grupo. No es eso. Es algo que más bien tiene que ver con esa intimidad frágil que José Luis Pardo propone y que se caracteriza por su resistencia al lenguaje: sólo los implicados (los amantes) pueden degustarla (La intimidad, 2004: 145). El acuerdo es un ejercicio en el que cada uno está dispuesto a poner en duda y comprometer sus propios límites individuales. Al reconocer al otro como par, inevitablemente, la idea de identidad entendida como esa institución clásica capaz de procurarnos la experiencia solitaria y (mortalmente) estable de nosotros mismos, se tambalea. “¿Soy yo – se pregunta Chantal Maillard- el aire que roza mi piel, el aire que respiro, el que expulso y aspiran otros a mi lado? ¿Dónde termino y empiezas tú? ¿Dónde acabas tú cuando me tocas y aprietas mi mano y te respondo?¿Dónde empieza el agua en la que me baño y que se introduce por mi boca y por mis poros, esa agua del Ganges que acarrea un cuerpo muerto un poco más abajo y que acaricia el cuerpo de los niños recién nacidos que descansan en el lodo de su cauce?¿Dónde termino, dónde empieza el otro?” (Contra el arte, 2009: 229).
El encuentro debería producir  algo que podríamos llamar subjetividad compartida y que no debería confundirse con una unión romántica y sentimental. Entre otras cosas, porque no hay que olvidar que el acuerdo se ha establecido para realizar una tarea, un proyecto, etc. No se trata de enamorarse (o, al menos, no solo) sino de hacer algo juntos, de colaborar y, aunque, en el origen esté la intimidad, debe prevalecer la responsabilidad sobre aquello que se desea llevar a cabo. El dramaturgista debe encontrar la manera de, siendo consciente de la unión que está en el origen del acuerdo que le vincula a un proyecto, mantener claras las tareas y funciones que le toca hacer.

Jaime Conde-Salazar

Una respuesta a “06. La labor del dramaturgista. La intimidad.”

Deja tu comentario

 
+(reset)-