08. La labor del dramaturgista. El desinterés.

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8. Dramaturgy is also sometimes – one is working after all with “groups”- a psychological mediation. The basis for this lies not, however, in the technical approach of the professional “social worker” but rather in the disinterested motives of “a friendship in the workplace”.

( 8. La dramaturgia, a veces, es también mediación psicológica- al fin y al cabo, uno está trabajando con “grupos”-. En cualquier caso, el fundamento de esta labor no está en el punto de vista técnico propio de un “trabajador social”, sino más bien en las atenciones desinteresadas propias  de “un amigo del trabajo”.)

(Marianne Van Kerkhoven, 1994, “Looking without a pencil in the hand”, Theatreschrift, # 5-6)

Un proceso de creación es una experiencia delicada, ya que,  en tanto proceso de producción de conocimiento, uno debe enfrentarse a lo que desconoce y asumir los límites de lo que es capaz de entender. De alguna manera, se puede decir que, al crear, el artista está explorando algunas zonas “ocultas” o profundas de su consciencia. Y esto, inevitablemente, puede llevar a situaciones difíciles que pueden acarrear cierto sufrimiento o angustia para las personas implicadas.
El dramaturgista no es un terapeuta. Su misión no es curar, ni propiciar hábitos y comportamientos considerados como saludables. El artista debe poder decidir siempre cuán lejos quiere llegar, cómo quiere relacionarse con su entorno, en qué condiciones trabajar y qué es lo que más le conviene a él y a su proyecto. El dramaturgista solo debe acompañar: ahí aparece el desinterés, entendido no tanto como falta de implicación o compromiso con el proyecto, sino más bien como una manera de generar un espacio a salvo de las cuestiones sociales, emocionales y psicológicas por los que se pueda atravesar en un proceso. Por eso es tan importante que el dramaturgista se cuide mucho a sí mismo y mantenga una rutina de higiene mental y anímica (sea la que sea) que le permita no ser arrastrado por las situaciones más o menos complicadas que se puedan dar. De él depende que exista realmente un lugar para la calma al que acudir tras la tormenta.
La mediación principal que lleva a cabo el dramaturgista no es entre el artista y el mundo, sino entre el artista y su propio proceso. En este sentido, al igual que un terapeuta, debe desarrollar una capacidad especial para escuchar, atender y preguntar. Pero de nuevo, hay que tener cuidado y no confundir, no se trata de sanar sino de proteger y cuidar el destino y la libertad del proyecto. De alguna manera, cuando se inicia un proceso, se formalizan una obligación, un compromiso y una responsabilidad hacia aquello que se desea hacer o probar. Cuando pasa algo complicado, cuando aparece una situación difícil, es posible que toda la atención y todos los esfuerzos se dirijan hacia ese problema a pesar de que, a menudo, ese problema no tenga nada que ver o sea secundario para el proyecto en sí. El desinterés del dramaturgista debería ser la instancia que evita que bloqueos o conflictos ajenos al corazón del proyecto se apoderen de este.

Jaime Conde-Salazar

Una respuesta a “08. La labor del dramaturgista. El desinterés.”

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