10. La labor del dramaturgista. El explorador.

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10. Dramaturgy means, among other things: filling in a creative process, with whatever material necessary; the assimilation and “guarding “ of a project’s first ideas in order, occasionally, to restore them to memory; to suggest without forcing to a decision; being a touchstone, a sounding board; helping provide for inner needs. For this reason one of the essential axes on which the practice of dramaturgy turns is the accumulation of a reservoir of material- amassing knowledge in all fields: reading, listening to music, viewing exhibitions, watching performances, travelling, encountering people and ideas, living and experiencing and reflecting on all this. Being continuously occupied with the building up of a stock which may be drawn from at any time. Remembering at the right moment what you have in your stockroom.
(10. Entre otras cosas, dramaturgia significa: rellenar un proceso creativo con todo el material que sea necesario; asimilar y cuidar de las ideas originales de un proyecto para, si llega el momento, restaurarlas en la memoria;  sugerir una dirección sin forzar una decisión; ser piedra de toque, caja de resonancia; ayudar a atender las necesidades internas. Por esta razón uno de los ejes esenciales en torno a los cuales gira la dramaturgia es la creación de una reserva de material- acumular conocimiento en todos los campos: leer, escuchar música, ver exposiciones, ver performances, viajar, encontrarse con personas e ideas, vivir y reflexionar sobre ello. Estar continuamente ocupado en crear un almacén de experiencias a las que se puede recurrir en cualquier momento. Acordarse en el momento preciso de lo que uno tiene guardado en su almacén.)

(Marianne Van Kerkhoven, 1994, “Looking without a pencil in the hand”, Theatreschrift, # 5-6)

Desde un punto de vista profesional, al dramaturgista no le conviene que su vida tenga un rumbo claro y fijo. Recurriendo a un estereotipo, el dramaturgista tiene que ser un poco explorador: un poco Livingstone, pero también un poco Shackleton. Los exploradores son parte del proyecto colonialista pero su misión no es conquistar ni apropiarse de nada. El colonialismo del explorador tiene más que ver con su capacidad primero de imaginar y desear; y segundo, de acceder a sitios y circunstancias en las que sabe que estará fuera de lugar y en los que su autoridad será, cuando menos, puesta en cuestión. Más allá de los objetivos que justifican una expedición, lo que el explorador persigue es enfrentarse a los límites de lo que conoce, descubrir aquello que ni siquiera tiene nombre, llegar a lugares en los que sus referencias no sirven para nada. Como nos enseñan las películas y los relatos, a veces, los exploradores se ponen en riesgo físico. Pero el principal riesgo que asume un explorador es enfrentarse a situaciones que ponen en cuestión su subjetividad, es decir, su capacidad de reconocerse a sí mismo en el mundo. El explorador sabe que en esos lugares remotos y ajenos en los que no entendemos nada, en los que nada nos es familiar, allí es donde se encuentran los tesoros. Pero los tesoros que buscan los exploradores no tienen nada que ver con los tesoros que persiguen los piratas, no se trata de rapiñar oro, piedras y otros materiales preciosos. La recompensa que recibe el explorador son experiencias, o lo que quizás sea lo mismo, materiales para construir relatos.
A igual que los exploradores, el dramaturgista debe estar en constante búsqueda a pesar de que, la mayoría de las veces, esa búsqueda carezca de objeto. No sabemos lo que nos espera, ignoramos los proyectos en los que nos veremos involucrados, no sabemos nunca lo que vamos a necesitar. Así que mejor cultivarse. Para el dramaturgista no vale la higiene y el orden impuestos por el racionalismo moderno: hay que acumular; hay que llenar la vida de “porsiacasos”; hay que atesorar experiencias cuantas más mejor, cuanto más variadas mejor; hay que practicar la dispersión. Así, se irá formando un patrimonio variado que, cuando llegue el momento nos permitirá responder adecuadamente a los retos que nos vayan apareciendo.
Solo dos precauciones: a) las cosas que se acumulen tienen que ser suficientemente ligeras para que no nos aplasten y el viaje pueda continuar cómoda y continuamente; y b) las colecciones que se vayan formando deben estar abiertas y disponibles para todo aquel que las necesite: el dramaturgista no debe ceder nunca a la avaricia ni utilizar lo que sabe o ha vivido para reclamar una autoridad que no le corresponde.

Jaime Conde-Salazar

Una respuesta a “10. La labor del dramaturgista. El explorador.”

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