12. La labor del dramaturgista. Respirar.

Print Friendly

12. At present, purely literary or linear dramaturgy is seldom to be found, in either dance or theatre. Dramaturgy today is often a case of solving puzzles, learning to deal with complexity. This management of complexity demands an investment from all the senses, and, more especially a firm trust in the path of intuition.
(12. En la actualidad es muy raro encontrar en teatro o en danza un dramaturgia puramente literaria o lineal. La dramaturgia hoy es a menudo una cuestión de poner piezas juntas, de aprender a manejarse con la complejidad. La gestión de la complejidad exige la implicación de todos los sentidos y, muy especialmente una confianza firme en el camino de la intuición.)
(Marianne Van Kerkhoven, 1994, “Looking without a pencil in the hand”, Theatreschrift, # 5-6)

El principio de todo es reconocer que uno no tiene ni idea de nada. Quizás, a lo largo de la vida uno se haya ocupado de contar con información importante, de desarrollar habilidades, de cuidarse y cultivarse, etc. Todas estas cosas son solamente herramientas, recursos que llegado el momento, podrían ayudar. Pero debemos tener muy claro que ninguna de ellas reduce la profunda ignorancia que obligatoriamente y sin excepción nos sirve de punto de partida. Por mucho que sepamos, por mucho que podamos, por muy bien que estemos, por mucho que hayamos vivido, no hay nada que nos libre de la incertidumbre de la que todo arranca. No hay saber acumulado capaz de salvarnos del trance de reconocernos ignorantes. Pero esto no debe asustarnos: el proceso mismo va a señalar el camino y va a responder a nuestras preguntas. Simplemente hay que ocuparse de que nuestra capacidad de percepción no esté ni bloqueada, ni saturada, ni castrada. En ocasiones incluso, tiene sentido comenzar un proceso poniendo en práctica una rutina de higiene mental y física (si es que hay alguna diferencia significativa entre ambas…) para asegurarse de que uno está dispuesto a recibir y a responder a todo lo que tenga que venir. El dramaturgista necesita que todos sus sentidos estén activos y disponibles ya que estos son los canales principales por los que va a llegar la información y a través de los cuales se activarán todos los otros recursos con los que se cuentan (información, experiencia, talentos, etc.). Y aquí hay que llevar cuidado con no ceder a la vista todopoderosa en nuestra cultura contemporánea. Convencionalmente creemos que el ser humano tiene cinco sentidos, pero si indagamos más allá de los dogmas clínicos, podemos descubrir y desarrollar hasta doce.  Todos ellos (no solo los ojos) están a nuestra disposición para guiarnos a través de la incertidumbre.
Si antes de empezar ya tenemos las cosas claras, ya sabemos cómo actuar, ya tenemos un plan, sabemos lo que queremos… malo. El dramaturgista tiene el deber de ser valiente y de no ceder al miedo que produce la misteriosa complejidad de lo que todavía no se conoce. Antes de comenzar un proceso, el dramaturgista debe abdicar de su autoridad y reconocerse como ignorante. Esa es la única manera de que realmente llegue a “descubrir” cosas,  a reconocer la sorpresa, a entender lo que antes no entendía. Por eso es tan importante partir de la incertidumbre: solo así un proceso de creación será un proceso de generación de conocimiento, un intento de forzar los límites de lo desconocido, un deseo de diálogo con lo que se escapa a la consciencia.
La palabra “inspiración” significa algo muy parecido a “inhalar”, es decir, está vinculada a la respiración; la información llega a través de la respiración. Dejamos que el mundo penetre en el interior de nuestro cuerpo y así captamos la información. Quizás, al final de todo, resulte que la tarea del dramaturgista consista simplemente en eso, respirar.

Jaime Conde-Salazar

2 respuestas a “12. La labor del dramaturgista. Respirar.”

  1. tomas dice:

    Justo; respirar, ignorar, volver a mirar.
    Bello viaje en su conjunto este dramaturgista. un placer.

Deja tu comentario

 
+(reset)-