Retrato imaginario 5. El Hombre Sutil.

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Escenas Discursivas

Cuando nació era mucho más pequeño y delgado de lo que nadie hubiera imaginado viendo a sus progenitores. No es que fuera deforme, simplemente era un niño menudo. Fue el octavo de doce hermanos. Su madre se quedó embarazada de nuevo a penas superó la cuarentena, con lo cual, El Hombre Sutil perdió muy pronto los pocos privilegios que le correspondían como niño pequeño.
Desde entonces, supo que la estrategia para sobrevivir a aquel lío de  casa era pasar desapercibido. Observó, aprehendió y aplicó con una precisión espeluznante los códigos de la “normalidad”. El Hombre Sutil se convirtió en un ejemplo de discreción, tanto que muy a menudo se pasaba por alto su existencia. Se puede decir que llevó una vida ordinaria: estudió lo que había que estudiar, se casó con quien se tenía que casar, tuvo los hijos que había que tener, trabajó los años que había que trabajar… Y cuando llegó el momento murió de una forma absolutamente vulgar. Fue entonces cuando su hijo pequeño, que hacía tiempo que había huido de los suburbios y se había instalado en la Gran Ciudad, descubrió el gran secreto del Hombre Sutil. En la librería de su despacho, en una puerta que siempre había permanecido cerrada pero que nunca había llamado la atención de nadie, encontró varias cajas llenas de postales cuidadosamente ordenadas por fechas. Todas las postales estaban dirigidas a su padre. Todos los textos escritos en ellas describían con extraordinaria precisión sucesivas puestas de sol. Hablaba de las nubes, de la luz, y de cómo la humedad o la sequedad del ambiente producía unos fenómenos u otros. El hijo pequeño, observó con cuidado la caligrafía y se dio cuenta de que estaban escritas por su padre: a lo largo de toda su vida, El Hombre Sutil se escribió y envió a diario todas aquellas postales. La primera de ellas databa del 23 de marzo de 1932, es decir, del día de su decimosegundo cumpleaños. Debió ser entonces cuando concibió aquel proyecto al que permaneció fiel a lo largo de setenta y tres años. Nadie nunca descubrió aquellas postales que llegaban a diario al buzón de su casa. Nadie nunca sospechó que, lejos de las miradas y protegido por la gruesa capa de vulgar normalidad que le caracterizaba,  El Hombre Sutil había llevado a cabo una tarea tan extraña y delicada capaz de poner en jaque la subjetividad establecida.

Keywords: continuity, fatigue, protection, invisibility, establishment.

Jaime Conde-Salazar

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