6 y 7 visitas, 10 días, 10 de la mañana

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Festival In-Presentable

El museo está casi vacío. Si se toman las decisiones adecuadas y se evitan los puntos difíciles, es posible encontrarse solo en salas vacías (sobre todo, en las de la planta baja) sin más molestia que los ruidos lejanos de los comunicadores de los vigilantes. En estas salas no hay otras ventanas que no sean las pinturas. Son como cuevas perforadas por proyecciones que abren vistas al infinito. Llegar a Patinir y quedarse allí, de pie, mirando el horizonte. El verde de los primeros planos se transforma en azul a medida que la distancia crece. En ese azul hay una especie de júbilo por el descubrimiento de la profundidad. Allá a lo lejos, se revela la visión, la posibilidad misma de ver: ese infinito brillante e intenso no es otra cosa que el reflejo simétrico de nuestros propios ojos. La fuga azul es la prueba de que es cierto que estamos allí mirando. Y de tanto mirar los ojos llegan a ponerse azules…
Hoy ha llegado el primer invitado. ¡Qué difícil hablar y mirar al mismo tiempo! ¡Qué apuro la sola idea de haber interrumpido la mirada de mi acompañante con mis palabras!

 

Jaime Conde-Salazar

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