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Festival In-Presentable

Llueve en pleno mes de junio. No es que haya caído un chaparrón sino que ha llovido durante todo el día. El frescor se agradece aunque la falta de luz es, sin duda, un inconveniente. Llueve fuera , la tierra se empapa y se forman riachuelos, charcos y nacederos caprichosos que emergen en las paredes del museo. En la parte inferior derecha del Descanso en la huída a Egipto de Patinir, en la verdura sombría que sirve de trono a la Virgen, hay un chorrito de agua que casi se oye desde fuera. La cascada más sorprendente es que corre a los pies de San Juan en el Bautismo de Cristo de Tintoretto. Su cuerpo forma un extraño todo sólido y opaco con la vegetación a la que está encaramado. El agua chorreando es parte de esa especie de cuerpo híbrido hecho de troncos, carne, hojas, piedras, pieles de animal y agua que se alarga para derramar el agua sobre Cristo. San Juan parece algo así como un Adonis que acaba de ser parido por su madre Mirra, convertida en árbol. De repente, se revela el parentesco de este cuadro con Venus, Adonis y Cupido de Annibale Carracci: San Juan y Adonis son el mismo. Los dos parecen hijos de un árbol y ambos reconocen en el cuerpo del otro (Cristo y Venus) el objeto de su amor.

Jaime Conde-Salazar

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