Postal #4

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Querida Ulrike:
Ya estoy en Alonissos. La casa que vine a ver es preciosa pero no sirve para lo que queremos. He cambiado la moto por un burro viejo que me ha dejado el amigo del primo de una cuñada del señor Alkiviades que se llama Cristos. El burro se llama Dieguito (por Maradona que es muy conocido por aquí) pero apenas me subo en él. Es una compañía excelente. Caminamos juntos sin tener que hablar demasiado y yo me dejo llevar por su olfato o por sus caprichos. Se conoce todos los caminos y si le dejo ir a su antojo cada día me lleva a un sitio. Solamente tengo que seguir su ritmo: si toca pararse a comer algarrobas debajo de un algarrobo, pues nos paramos tan ricamente todo el tiempo que haga falta. No tenemos otra cosa que hacer en el día. Me siento totalmente como Gerald Durrell de niño en Corfú pero sin la obsesión por recolectar bichos. Ayer me llevó hasta un escarpado en el que se veía este paisaje alucinante: las islas parecían estar allí, dispuestas a acoger a cualquier naufrago, a cualquiera que huyera de los dioses.
No paro de ver rocas maravillosas,
Thomas

 

Traducción: Valeria Velázquez

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