El dramaturgista 6. El rico y el pobre.

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A lo largo de los años, Parménides se mantiene firme en el propósito de escribir su libro, a pesar de que nunca se ocupa de la tarea concreta de escribirlo. En sus encuentros con Perinola no hace otra cosa que repetir las mismas ideas y plantear las mismas cuestiones que ya expresó desde su primer encuentro. Pero nunca acaban de escribir el libro.
Esta situación revela una cuestión clave: dentro del proyecto, Parménides y Perinola representan algo así como fuerzas contrarias pero complementarias. En la novela, la cuestión se plantea de manera muy sencilla: uno es el rico y otro es el pobre. El rico paga regularmente un salario y, de esta manera, adquiere un derecho sobre la capacidad de trabajo (en este caso de escribir) del pobre. El rico no tiene que hacer las cosas, no tiene que encargarse de llevar a cabo las tareas concretas porque ya hay otros a los que paga para que las hagan.  El dinero le da el poder de tomar decisiones y de adquirir los medios para que dichas decisiones se realicen. El rico se maneja con lo ya hecho. Por su parte, el pobre solo cuenta con su propia capacidad de hacer. El pobre habita en el proceso porque es su única manera de sobrevivir: si quiere comer tomates, tiene que plantarlos, cuidarlos, etc. Su sustento depende de su capacidad de trabajar pero sobre todo del conocimiento concreto y preciso de cómo funcionan las cosas, es decir, de los procesos.
El salario que Parménides paga a Perinola, le libera de trabajar para obtener lo básico para vivir y esto le permite  dedicarse a observar los procesos que le rodean en su vida cotidiana: “…el mundo se le revelaba todos los días en su variedad constante, en sus pasajes y sus fugaces invenciones, y todo le hablaba, como una poesía”. Perinola descubre, inconscientemente quizás, que su labor como poeta no está tanto en la tarea de escribir, como en la de mirar. Gracias a que Parménides no pierde nunca de vista el proyecto, Perinola tiene la oportunidad de dedicarse plenamente al cultivo y cuidado de su mirada, de su capacidad de observación. El hacer de Perinola consiste en ser consciente de cómo suceden las cosas, de cómo funcionan los procesos.  En ese sentido, nunca deja de ser pobre.
Los dos personajes encarnan dos polos de fuerza que permiten que un proyecto se realice. Llegados a este punto se hace evidente que los dos forman parte de la misma unidad y en el diálogo y la tensión entre “lo rico” y “lo pobre”, entre lo ya hecho y el propio hacer, entre el producto y el proceso, es donde ocurre el hecho artístico que, además, parece que nada tiene que ver, en este caso,  con la labor de escribir un libro.

Jaime Conde-Salazar

2 respuestas a “El dramaturgista 6. El rico y el pobre.”

  1. Sonia dice:

    El arte es la plusvalía?

  2. Jaime dice:

    En este caso, no me atrevo a utilizar o intentar aplicar conceptos como plusvalía, capital, clase, etc. Creo que la ficción que construye Aira no tiene la aspiración de ser una reflexión sobre la sociedad, la economía, ni siquiera sobre la cultura. Me parece que la novela es más bien un intento de analizar el fenómeno de los procesos de creación. Cuando introduce conceptos como “el rico” o “el pobre” no es para hablar de una realidad social concreta sino para identificar esa tensión que se genera en el proceso de creación entre el hacer y lo ya hecho. En ese sentido, no sé muy bien cómo colocar el concepto de “plusvalía” en relación con cómo se trata la cuestión del “arte” en la novela.

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