Por escrito

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Pasa a veces, mientras leemos un libro, una novela, que entrevemos en sus páginas, casi sin querer, una obra de arte; una pieza que de existir podríamos ver en un museo, en una exposición, en una galería, en un escenario… No nos referimos a las descripciones que el autor utiliza para recrear un ambiente o simplemente para explicarnos como es tal o cual objeto; no, no es eso. Ese texto del que hablamos no tiene ni siquiera que anunciarse, sino que más bien surge entre la maraña de la historia narrada, dándonos unas pautas de lo que podría materializarse desde el texto en una obra de arte. A veces, esta prefiguración es tan intensa  que llegamos a adjudicársela a un determinado artista o puede que, incluso, nos descubramos a nosotros mismos “produciéndola” mentalmente. Es cierto, nos acompaña, una vez más, el eco de lo ya conocido, por eso somos capaces de reconocer cosas que nunca antes hemos visto, en una especie de déjà vu basado en palabras, frases, a partir de las cuales, nosotros lectores, construimos la imagen de una obra con el significado que mejor nos viene en ese momento…

Mientras lo vamos leyendo, percibimos que se trata de un proyecto artístico no materializado, una especie de evocación plástica dictada por las palabras, y nos ponemos en acción como cuando visitamos el palacio del Gattopardo, caminamos por callejuelas junto a Max Estrella, o cuando sentimos el calor sofocante que Merasault sufre en Argel. Pero en este caso no se trata de reconstruir un escenario, o de fabricar imágenes instantáneas que acompañen nuestra lectura, sino que vamos un poco más allá, nuestra misión consistirá en detectar obras de arte escondidas en los textos y aislarlas como fragmentos de ese original. Lo que buscamos son obras invisibles. Obras de arte latentes. Obras que se nos aparecen por escrito.

Es casi seguro que para el autor del libro, ese párrafo, esa página, no tenga nada que ver con un proyecto artístico, ya que, más bien, somos nosotros mientras leemos los que lo intuimos, yendo libremente más allá de sus propias palabras.  Sí, la obra está ahí, agazapada en la grandeza del papel en blanco, en las infinitas posibilidades del texto, en su propia paradoja, de la que podemos rescatarla porque, como lectores, nosotros tenemos el mando.

3 respuestas a “Por escrito”

  1. [...] en Por escrito de la obra de Enrique Vila-Matas, Historia abreviada de la literatura portátil. Barcelona, [...]

  2. [...] en Por escrito de la obra de Manuel Vicent, La novia de Matisse. Madrid, Alfaguara, [...]

  3. [...] en Por escrito de la obra de Penelope Lively, La fotografía. Zaragoza, Contraseña, [...]

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