Por escrito en La Fotografía, de Penelope Lively

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La fotografía, Penelope Lively

“NO ABRIR-DESTRUIR”

¿A quién se dirigirá esta instrucción?

Abre el sobre y encuentra una fotografía y una hoja de papel doblada. Mira primero la foto. Hay un grupo de cinco personas; a sus pies, hierba; al fondo, árboles. Dos de ellas, un hombre y una mujer, dan la espalda al fotógrafo. De las tres restantes, identifica enseguida a Elaine, visible entre los dos rostros que no se aprecian. A su lado, otro hombre y otra mujer que Glyn no reconoce.

Una de las dos personas situadas de espaldas es Kath. Glyn reconocería en cualquier parte esa postura, ese perfil. La otra, el hombre, se le resiste al principio, pero le conoce, eso es seguro… El cabello oscuro y largo, la altura, una cabeza más que Kath por lo menos, y esa posición un poco cargada de hombros.

Se acerca la foto para inspeccionarla mejor, y entonces lo descubre. La mano de Kath y la de aquel hombre, sea quien sea, se entrelazan y se estrechan a sus espaldas, para que mientras están allí, uno junto a otro, en ese momento de intimidad, el intercambio resulte invisible para el resto del grupo.

Exceptuando el fotógrafo, que pudo o no darse cuenta del hecho que estaba inmortalizando con aquella revelación congelada en una instantánea.

Ahora Glyn reconoce a la otra persona, al hombre. Se trata de Nick.

Examina la hoja que acompaña a la fotografía con la sensación de que se está apoderando de él una enfermedad paralizante, pero el papel exige su atención

Lleva un breve mensaje escrito a mano: “No me resisto a enviártela. Me dicen que han destruido el negativo. Buena suerte, amor mío”.

No está firmada, ni falta que hace, ni para la Kath de entonces ni para el Glyn de ahora, pero hay que verificarlo. Por algún sitio quedará una muestra de la letra de Nick, una firma, una carta de cuando era asesor, o de alguna memez semejante, de aquella colección de historia del paisaje que publicaba con un entusiasmo tan extremo como ignorante. El Nick de siempre.

Ahora la enfermedad le atenaza la garganta. La garganta, las tripas, las pelotas. Siente…, mejor, vive un atroz hervidero de emociones que le revuelven el estómago y le producen mareos. La nota predominante  es la rabia; por debajo, un bullir de celos y de humillación; y todo cargado de una especie de energía, de un impulso furioso. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quién? ¿Quién tomó la fotografía? ¿Quién se la pasó a Nick, según parece, y destrozó el negativo?

Suena el teléfono abajo, en el estudio, pero Glyn se encuentra de tal modo poseído por su objetivo y en tal estado de excitación que de pronto está de pie y ya ha bajado media escalera dispuesto a cogerlo y a soltar un brusco. “No estoy disponible, lo siento.”

No puedo atenderle ahora mismo porque acabo de enterarme de que, por lo visto, la mujer que una vez fue mi esposa tuvo un lío con el marido de su hermana en un momento aún por determinar. Es patente que soy un primo y un cornudo. Han socavado de un modo brutal los cimientos de mi concepción del pasado; por tanto, se hará usted cargo de que el asunto va a requerir toda mi atención en un futuro inmediato.

 

Fragmento en Por escrito de la obra de Penelope Lively, La fotografía. Zaragoza, Contraseña, 2012.

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