La clausura V

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El fin de la clausura. A veces, es difícil reconocerse en la imagen del espejo. Nos encontramos, casi por sorpresa, frente a alguien que no esperábamos. Aun sabiendo que el artefacto es perfecto, resulta complicado llevar a cabo el obligatorio proceso de identificación. ¿Qué tiene que ver esa de ahí conmigo?, ¿por qué se asoma al otro lado si no se parece nada a quien yo deseaba encontrar? No queda más remedio que intentar entender lo que La Otra viene a revelar desde el lado de lo invertido. Y para ello hay que creerse que, en efecto, todo es perfecto siempre, aunque a nosotros no nos lo parezca. No hay escapatoria frente al reflejo: eso es lo que nos toca ver, esa, y no otra, es la lección que, en esa ocasión, debemos aprender. La tarea es permanecer frente a la imagen incómoda sin miedo a devolver la mirada y a pronunciar la pregunta clave: ¿quién eres tú?

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