El diseño es una mierda

Print Friendly

perro

El pasado 10 de enero el diario El País dedicaba su contraportada a una pequeña entrevista con Alberto Corazón, con motivo de la inauguración de una exposición de sus bodegones inspirados en Caravaggio. Según el titular de la entrevista Corazón declaraba que “vivimos la apoteosis de la mediocridad”, afirmación que se explicaba en un subtitular que decía “El pintor español reniega del diseño gráfico…”

En esta entrevista el “pintor español” contesta a una serie de preguntas de manera francamente sorprendente. Lo hace, estableciendo que el diseño gráfico es una disciplina inferior a aquellas que él considera artísticas por tratarse de encargos y nos deleita con la justificación de su abandono del diseño por la mediocridad imperante en los encargos y en la profesión.

Por un momento y antes de analizar en detalle sus respuestas propongo realizar un ejercicio: Se trata de proponer otras respuestas posibles a dos de las preguntas planteadas al señor Corazón. Imaginemos por tanto que uno de los medios de comunicación de masas más leídos de nuestro país decide hacerle una entrevista a uno de nuestros más destacados diseñadores gráficos, una figura indiscutible en su campo, pero sobre todo, un personaje que ha conseguido ser escuchado como la voz de la razón en lo que al diseño se refiere y que tiene el oído de los representantes más destacados tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas. En algún momento en la entrevista ficticia, que quede bien claro, se producen las siguientes preguntas:

Pregunta: La pintura ha conformado durante siglos la realidad. ¿Ahora la realidad la conforma el diseño gráfico?

Gran diseñador: El diseño gráfico, y podríamos decir que el diseño en general, forman parte de la vida cotidiana de las personas aunque en la mayoría de los casos no se reflexione sobre ello. Esto es una obviedad y lo hemos escuchado en numerosas ocasiones, pero quizá lo que no hemos escuchado tanto es que en el caso de un país como España, el diseño ha sido tremendamente importante. Nuestro país deja atrás la Dictadura para sumergirse de lleno en la democracia que hoy disfrutamos, y en este proceso se desvelan numerosas deficiencias y necesidades que nos separan de los países de nuestro entorno ya que el régimen anterior nos mantuvo distanciados en muchos aspectos de las corrientes predominantes en Europa y en el resto del mundo. Una de estas necesidades fue la de crear la imagen, e incluso la dimensión objetual de numerosas instituciones, administraciones, empresas, servicios y demás. Desde la imagen de nuevos Ministerios hasta los billetes de peseta tuvieron que ser diseñados. Un caso excepcionalmente paradigmático es el de la Comunidad de Madrid, a la que se doto de escudo, bandera y todo el conjunto de símbolos que hoy conocemos. En esos tiempos el ser diseñador no era tan común como ahora y fuimos unos pocos de nosotros los que tuvimos la oportunidad de moldear la imagen de nuestro país. Quiero pensar que entre tres o cuatro diseñadores hemos influido más en la vida de las personas de lo que han hecho la mayoría de los artistas que ahora cotizan mucho en el mercado del arte.

Pregunta: ¿Cree entonces que el diseño es más importante que el arte?

Gran diseñador: Yo no he dicho eso. Yo, como muchos de mis colegas llegamos al diseño desde diferentes disciplinas artísticas, otros estudiaron en países más avanzados… pero no debemos caer en algunas concepciones ciertamente trasnochadas sobre las disciplinas creativas. En primer lugar, la idea de que el diseño es fruto de un encargo y que el arte es la expresión del genio creador sin intermediarios o condicionantes es una cosa muy antigua. Muchas de las obras de arte que cuelgan en los museos han sido creadas por encargo y esto no las hace menos artísticas. Debemos ser cuidadosos cuando asociamos la creatividad o la creación a mitos románticos como el del héroe masculino, heterosexual y occidental. Las buenas obras de arte, al igual que el diseño son fruto de la investigación, del afán por ampliar el conocimiento y del empeño por contar cosas desde lugares nuevos. Tanto el diseño como la pintura o escultura, así como la alfarería pueden ejecutarse de manera rutinaria o pueden contribuir a enriquecer la forma en que los seres humanos nos conocemos a nosotros mismos o conocemos lo que nos rodea. Desde luego entre estos dos extremos nos movemos la mayoría de los mortales, que asumimos nuestros proyectos con la ilusión de ser geniales pero en muchas ocasiones nos debemos conformar con ser correctos.

(…)

Volvamos ahora a la realidad y a la entrevista publicada en El País. En ella se plantean numerosas cuestiones como una comparación muy superficial ente arte y diseño. Esta es, sin duda, una discusión tremendamente anticuada y recurrente que ha sido abordada por teóricos mucho más instruidos que yo y las afirmaciones del señor Corazón sólo ponen de manifiesto una concepción del arte muy trasnochada que nada tiene que ver con procesos de generación de conocimiento. Supongo que Corazón está pensando en la imagen romántica del pintor que se vacía a si mismo en los lienzos, que eyacula su energía creativa, descargándola con fuerza sobre el lienzo blanco a brochazos. Cualquier parecido físico con el señor Pollock es muy remoto.

Pero esto no es tan grave, cada uno puede practicar la pintura, el diseño, el Yoga o la repostería como le apetezca, y eso es lo bonito del asunto. Lo que es grave es que el diseñador gráfico mejor considerado por el gran público, probablemente el único que pueden mencionar en el caso de hacerlo, y por las personas de relevancia de nuestras instituciones (lo siento, esto es así, aunque en su generación los haya habido mucho mejores, ninguno ha tenido esa relevancia pública, ni siquiera Cruz Novillo) diga que reniega del diseño gráfico y se haga llamar “pintor español”.

Alberto Corazón es miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando gracias a su trabajo como diseñador, ya que como pintor es francamente irrelevante, diga lo que diga el mercado del arte. Corazón se ha ganado la vida con el diseño gráfico y tiene la posición de relevancia social que tiene gracias a su trabajo, que no juzgaremos aquí, pero desde luego no gracias a sus bodegones. Es muy curioso que Corazón reniegue del diseño y acuse al mundo de mediocridad ya que, no sólo debería demostrar cierta generosidad hacia la profesión que le ha alimentado sino que, debería asumir cierta responsabilidad esta falta de talento imperante.

No sobre la mediocridad del diseño actual, pero sí sobre la que achaca a los clientes, pues él debería haberse preocupado de hacer cierta labor pedagógica con ellos, ya que en su momento tuvo acceso a muchos y muy importantes.

Pero quizás estamos asumiendo algo demasiado básico. El diseño, tal y como es entendido ahora, es una disciplina proyectual, en la que se analizan las necesidades y la problemática de un determinado trabajo para proceder a investigar y proponer algunas soluciones. ¿Y si esta premisa tan básica no fuera compartida por Alberto Corazón? ¿Y si éste se hubiera aproximado a los encargos por parte de sus cliente de la misma manera en que se enfrenta a un lienzo, es decir, pretendiendo expresarse y sin un ápice de espíritu proyectual?

Desde luego esta es una hipótesis propia, quede esto claro para que no se moleste nadie, pero que nos ayudaría a explicar lo aparentemente inexplicable: ¿Cómo es posible que nuestro diseñador más popular y emblemático no haya sido capaz de dar continuidad a un estudio de diseño que ha muerto cuando él se ha retirado, incluso teniendo un hijo dedicado al mismo campo?

En todo caso y para que no haya ninguna duda, no creo que la mediocridad esté en su apoteosis, creo que el nivel de nuestro diseño en términos generales no ha hecho más que crecer. Es cierto también que hay más mal diseño que antes, pero es que hay mucho más de todo que antes, se diseña más, se pinta más y se fotografía más. Desde luego que hay miles y miles de malos logotipos y siempre que contemplamos los carteles colocados en el cine nos acordamos de los que hacía Saul Bass con nostalgia, pero hay miles de nombres de diseñadores e ilustradores españoles que hacen trabajos espectaculares para los clientes más exigentes del mundo.

También es cierto que vivimos en un país con una cultura del diseño muy reciente y que, en general, sus ciudadanos no son muy sensibles a lo que podríamos llamar “un trabajo bien hecho”. También es cierto que las instituciones públicas no se caracterizan por promover el buen diseño ni ser sensibles al mismo, pero esto debe ir cambiando poco a poco y desde luego no ayuda que la persona que ha tenido la atención de estas instituciones cuando la ha reclamado diga que el diseño es una mierda (no es una cita exacta pero si refleja el espíritu de sus declaraciones).

Es imposible imaginar a Rafael Moneo diciendo que la arquitectura que se hace actualmente es mediocre y que los arquitectos son una especie de artistas acomplejados. Pero quizá la labor pedagógica que ha realizado el señor Moneo, dentro de su estudio y en las Universidades para las que continúa impartiendo clases le mantienen en contacto con los mejores arquitectos de diferentes generaciones y esto le hace ver que puede que las técnicas por las que se produce la arquitectura cambian pero que los principios a los que sirve su disciplina se mantienen y que hay cada vez más profesionales que demuestran la excelencia con sus práctica diaria.

Mientras en algunos países se contempla la figura del diseñador como un elemento clave para el desarrollo de las sociedades del futuro  y se compara su papel con el que desempeñaron los filósofos en la revolución cultural francesa, en nuestro país, las instituciones continúan impermeables a este tipo de posturas. Este es un camino que tenemos que recorrer todos, pero desde luego palabras como las del señor Corazón no ayudan en absoluto.

Para terminar lo voy a decir muy claro: Me niego a que se de por válido que el diseño es un hijo bastardo del arte y me niego a que el discursos de que todo tiempo pasado fue mejor se instale entre nosotros. Hay buen diseño ahora y lo habrá mejor en el futuro, siempre y cuando entre todos asumamos la tarea de trasladar lo poco que podemos conocer a los demás. La generosidad es, desde luego, una cualidad fundamental de las personas sabias.

Lo siento mucho señor Corazón pero no nos podemos permitir que sus palabras queden sin contestar. Lo que contribuye a mi pena es el hecho que desde las asociaciones del sector no se hayan escuchado voces críticas con estas declaraciones. ¿es posible que sean reflexiones que comparten más miembros de nuestro gremio?¿es este egoísmo una cualidad extendida en entre los diseñadores?

Otro día seguimos ese camino, hoy lo vamos a dejar aquí. Muchas gracias.

Jaime Caeira

Deja tu comentario

 
+(reset)-