Las Meninas

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Cada día al levantarnos, antes de desayunar, antes de hablar con nadie, antes de meternos en el baño, deberíamos dirigirnos al Museo del Prado y pasar un rato delante de Las Meninas. Mucho mejor que asomarnos al espejo (inevitablemente lleno de reflejos lacanianos), dejar que el cuadro de Velázquez haga. Allí de pie, antes de que el día comience, esperar a que los límites se disuelvan, a que se haga visible el espacio entre medias. Y entonces reconocer que allí es donde habitamos. Nuestra casa: la incertidumbre. Si nuestros días comenzaran así, quizás así las cosas cambiarían. Hace poco pintaron las paredes del Museo de verde-color-de-catálogo-de-Velázquez y sacaron al cuadro del historicismo propio de la institución. Aprovechemos. Ahora ya no se puede negar lo evidente: allí se inaugura nuestro tiempo.

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