El ojo de la cerradura

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Nunca el camino es tan terrorífico como aquel que atraviesa el bosque que jamás hemos penetrado. Nunca los salones tan fabulosos como los de la mansión que sólo podemos ver desde la acera de enfrente. Nunca el Panteón tan grande como cuando lo miramos por la rendija de sus puertas cerradas, ni la escena tan excitante como al mirar por el ojo de la cerradura. ¿Quién quiere que le cuenten la historia completa?
Las ilustraciones que acompañarán a los ensayos publicados en este blog tratan de ser sólo algunos de los puntos que forman la línea del dibujo. Son pistas, unas pistas muy particulares que pueden ser seguidas o no. Son las letras, los símbolos de una lengua en principio desconocida. Averiguar qué quieren decir es trabajo de cada uno, si es que ese trabajo merece ser realizado.

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