Polly Borland

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Polly Borland, Smudge. Galería Gloria, Madrid. Hasta el 20 de febrero.
El señor Merrick mete la cabeza dentro de un saco y cubre su cuerpo con una manta. El saco tiene un único agujero rectangular. Todo queda en el fondo oscuro de esa tumba blanda hecha de tela. Oculto y tan a la vista, el monstruo es esta piel de fuera, esta cáscara informe, esta montaña que no encaja. Se dispone a salir, una manera de hacerse más gris, transparente por acumulación de capas.
Un final posible es que el señor Merrick necesite hacer descansar al monstruo y olvidar, que no pueda más y se tumbe deseando la normalidad de los niños en los cuadros que le rodean. Pero no ocurre así, el señor Merrick decide no dormir y aguantar el peso de su espalda en su espalda.
Lleva una existencia tranquila, toma el té y recibe visitas en su buhardilla, se sobrepone. Abandona definitivamente el blanco y negro y su piel le sienta cada vez mejor. Se confía, olvida, se vuelve un poco juguetón y vuelve a ponerse la armadura de cíclope para reconocerse, para no olvidar que también habita ese monstruo. No es un vestido ni un disfraz, es la manera de permitirse contar algunas cosas, de oírse.
Ahora el señor Merrick, antiguo hombre elefante, quiere hacer amigos. Se compra pelucas de colores brillantes y formas extrañas, prótesis de persona normal, bultos, bolas, maquillaje y muchas medias. Ninguno de sus nuevos juguetes funciona como debería, y sin embargo, todo encaja, todo encuentra una función, su cuerpo decidió hace tiempo funcionar a pesar de todo. Ha encontrado muchas caras, ha encontrado la manera de tener familia, la manera de decir sus secretos, de comprender la geografía de su cuerpo. Cada bulto, cada curva está ahí para sujetar algo, para probar el mundo en su piel.
La mejor amiga del señor Merrick es Polly Borland. Sólo queda una semana para verla.
CHISCO VILLAR

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