El Presentador (III)

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Escena Contemporánea. Ciclo “La ética del artista”. Steven Cohen. Galería Off Limits. 20h.

Esta es la última oportunidad. Hay que hacerse con un cuerpo nuevo. Una figura que nos permita estar y, al mismo tiempo, desaparecer. El Presentador tiene que llegar a ser un bulto, un poste, una cosa cuya única función es marcar un lugar. Hay que anunciar: éste, es el lugar del suceso, ahí va a ocurrir algo. La ocasión requiere que nos pongamos elegantes. Busco entre los San Gabrieles una pista: aunque los deseo, no valen ni los bordados dorados de Lippi  ni las transparencias de Leonardo… todo eso haría volver a Doris Sterling y, de momento, está bien, encerrada en su sótano. No podemos permitir que la puesta en escena arruine el mensaje. Mejor vestirse de una forma ordinaria, vulgar. Traje sin corbata. El presentador no es la epifanía. Es solo el gesto vacío que marca una dirección. Por eso debe deshacerse de su propia carnalidad y reducir su cuerpo a la propia imagen. Una imagen fugaz, que antes de que nos demos cuenta ha desaparecido dando lugar al mensaje importante de verdad. El Presentador necesita un doble de papel que le ayude a desvanecerse y a pronunciar el mensaje de la anunciación: “Hoy, Fulanito de Tal”. Con un poco de suerte obtendrá la respuesta perfecta: “hágase en mí según tu voluntad”

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